Un sueño de película

Cuando llegas a casa después de un año fuera es como si nada hubiera cambiado. Todo es exactamente igual a como lo recodabas. Tu familia, tu habitación, la ropa que dejaste allí, todo sigue como lo dejaste. Tienes la sensación de haber vivido un sueño del que te acabas de despertar. Pero es real, todo ha pasado.

Irse a vivir a Estados Unidos durante un año es un conjunto de emociones indescriptible. Desde el momento que anuncian quien será la familia que te acogerá durante ese año, hasta la despedida en el aeropuerto para volver a casa, son momentos inolvidables. Lo más duro no es dejar a tu familia en el aeropuerto, si no saber que durante un año no estarán físicamente para darte ese amor familiar que en ciertas ocasiones necesitamos.

Una vez te montas en el avión empieza la aventura. Desde un primer momento te las tienes que apañar solo, tienes que saber orientarte en el aeropuerto, saber dónde llevar las maletas, etc. Y, ese instante, en el que por fin sales del avión y tu familia de acogida te está esperando, es uno de los mejores. Conoces de repente a un montón de gente que está dispuesta a compartir su casa contigo para que puedas aprender su cultura, sus costumbres, etc.

Ellos no cobran por acogerte, lo hacen con todo el gusto del mundo y ese es el quid de la cuestión. En otros países o agencias lo hacen por un beneficio económico, pero en este caso lo hacen por voluntad propia. Esto implica que realmente quieren enseñarte cómo son las cosas allí, así como quieren aprender sobre tu cultura y las diferencias que hay entre éstas.

Otra ocasión muy especial es el primer día de instituto. Puede ser un poco duro, hay que enterarse de todo lo que te dicen porque son cosas que necesitarás saber para todo el curso, a demás que el sistema educativo es diferente al nuestro, por lo que hay muchas cosas que aprender. Es verdad que una vez te acostumbras al idioma y al acento del lugar todo se hace más ameno y fácil, es entonces cuando empiezas a disfrutar realmente de la experiencia en su totalidad. Es aquí donde viene la parte emocionante. Realmente es como una película americana. Entre los partidos de fútbol americano y de béisbol, las cenas con los amigos después, las fiestas típicas de allí y la gran cantidad de actividades que hay nunca tendrás tiempo libre.

La verdad es que al final eso de estudiar, pues poco. Lo único importante es aprobar todas l asignaturas, cosa que no es difícil, para poder quedarte durante todo el año sin problemas. Puedes unirte a algún equipo del instituto en el que conocerás a mucha gente y viajarás para jugar con otros institutos. Será como otra pequeña familia que te acoge para más aventuras.

Los bailes, típicos en las películas americanas. Se suele ir en pareja, aunque solo sean amigos o solo, pero en realidad se va en grupo. La ‘tradición’ es quedar con la pareja para poneros mutuamente el ramillete de flores a juego, tomaros un par de fotos y salir a cenar antes del baile. Una vez se llega al baile es el típico en el gimnasio del instituto. Y llega el momento de anunciar al rey y la reina del baile. Tengo que desmentir el mito de que el rey y la reina son los más populares del instituto, que en cierto modo es así, pero no te votan por tu fama si no por la cantidad de cosas que has hecho durante tu etapa en el instituto. Solo se pueden presentar los de último año y los `méritos´ que se reconocen suelen ser: pertenecer a algún equipo deportivo en el instituto, los clubs en los que hayas participado, las notas de tu expediente e incluso los voluntariados a los que hayas asistido. Eso sí, lo realmente divertido es el afterparty, la fiesta de verdad.

Aunque con tus amigos harás muchas cosas, tu familia será la que más te enseñe, por eso la convivencia es lo más importante durante esta estancia. No solo estarás con ellos el tiempo que estés en casa, si no que haréis actividades juntos, las fiestas navideñas, acción de gracias, Halloween, etc. Incluso os iréis de viaje juntos y conocerás otros sitios diferentes al lugar donde vives ese año. Esas personas que te han acogido serán lo mas cercano al amor familiar que echarás tanto de menos. Es verdad que por cultura son un poco mas desapegados, por lo que no será lo mismo. Pero se hace muy ameno, porque hay tantas cosas que hacer que no tendrás casi tiempo de añorar.

Esta experiencia se trata de aprender algo nuevo, de empezar una nueva etapa de tu vida un poco más independiente. De intentar socializar al máximo y empezar a conocerte a ti mismo en situaciones en las que, hasta el momento, en el seno acogedor de tu casa, no te habías visto. Ese año fuera es la oportunidad perfecta para aprovechar para ser quien realmente quieres ser y así poder aplicarlo al volver a tu casa y mejorar esos aspectos de tu ‘vida real’ que no te gustaban o con los que no estabas a gusto.

La despedida es lo más difícil. Sabes que no es un adiós para siempre, si no un hasta luego. El problema es que ya son parte de tu familia y no los quieres dejar ir. No sabes en qué momento volverás a verlos, si es en un año o dentro de 10. Seguirás haciendo videollamadas, mandándoos paquetes con algún que otro regalo, pero ya no habrá ese contacto diario. Lo bueno de todo es que ellos podrán venir a tu país y conocer tus tradiciones. Será como devolverles lo que ellos te dieron hace tiempo.

Tú volverás a esa familiaridad de siempre, habrás vivido en tu propia película americana. Será algo que no podrás olvidar y quedará clavado en tu corazón. El reencuentro con tu familia será precioso, los besos y abrazos, volver a ver a tus amigos, volver a los lugares de siempre, ya nada se sentirá igual. Entrar en tu casa será como si nunca te hubieras ido, como si en realidad te acabaras de despertar de un pequeño sueño mientras estabas dormida en el coche. Será extraño saber que un año ha pasado tan rápido, que has vivido tantas experiencias y emociones que solo tú sabes cómo se sienten. El sueño se ha hecho realidad, pero al volver nada habrá cambiado porque al fin y al cabo ha sido solo un viaje un poco más largo.

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