Augusta Emerita, la joya de Hispania

Todas las ciudades tienen su historia, su cultura y su encanto, pero no cambiaría Mérida por ningún otro lugar en el mundo. Juan, mi profesor de latín y griego durante Bachillerato, me hizo descubrir esta joya romana desde otra perspectiva. Y me gustaría trasladar su enseñanza a las páginas de CAMS.

Para conocer la historia de esta ciudad debemos remontarnos al año 25 a.C., cuando el emperador Octavio Augusto mandó construir una ciudad en señal de agradecimiento a sus soldados veteranos. Así nació Augusta Emerita, que pasaría a ser capital de Lusitania y, actualmente, de la comunidad extremeña.

Con el paso de los siglos y, sobre todo, de los pueblos que han habitado la ciudad, Mérida cuenta con una importante presencia de la cultura romana, visigoda, árabe y cristiana. Centrémonos en sus fundadores, los romanos, para adentrarnos en un artículo que bien podría servir como guía de viaje. Gracias a su disposición y cercanía entre monumentos, Mérida es la ciudad perfecta para realizar una escapada en cualquier época del año. Entre historias, fotografías y recomendaciones, quiero daros la bienvenida a Augusta Emerita, la joya de Hispania.



Si queremos adentrarnos en el corazón de Mérida, debemos visitar sus tres monumentos más importantes. El teatro, anfiteatro y circo nos harán entender la cultura y diversión de los habitantes de esta histórica ciudad.

Corría el año 1910 cuando los emeritenses descubrieron tal obra de arte como el teatro. Antes de su excavación, sobresalían las Siete Sillas, nombre que se le dio a las ruinas cuando aún no sabían con qué se encontrarían. Metros abajo se encontraba una obra arquitectónica sin precedentes en la ciudad, donde dos mil años atrás, todos aquellos soldados, acompañados de sus familias, disfrutaban de dramas y comedias. Para que aquella tradición no se perdiese, el teatro llena sus gradas las noches de julio y agosto desde 1933 con el motivo del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, uno de los más importantes de su género. Sin duda, uno de los planes obligatorios si pasas una noche de verano en la ciudad.

Junto al teatro encontramos el anfiteatro, lugar en el que la acción fue el ingrediente principal desde su construcción en el año 8 a.C. Se convirtió en el escenario de los espectáculos favoritos del pueblo: juegos de gladiadores, lucha entre feroces animales o cacerías eran algunas de las representaciones que se llevaban a cabo en un espacio tan vasto como sobrecogedor.

El tercer coloso de Mérida, deja ver, a través de su construcción y capacidad, la importancia de los juegos entre la población y, sobre todo, la infinita extensión del Imperio. El circo romano constituye un paisaje espléndido, pero si viajamos en el tiempo, toda esa tranquilidad que nos produce ahora, desaparecería por completo. 30.000 personas ocupaban las gradas del recinto expectantes por su espectáculo favorito, las carreras de cuadrigas, el deporte por excelencia en la antigua Roma. En estas carreras, los equipos, animados con devoción por sus fieles admiradores desde las gradas, competían entre ellos por alzarse con la victoria. Movidos por intereses sociopolíticos, este deporte comenzó a causar altercados entre sus seguidores. Nada lejos de la realidad que vivimos. Como diría Juan, los romanos inventaron todo lo que tenemos, tanto lo bueno como lo malo. Desde la calefacción hasta las peleas entre aficionados.

Continuemos con nuestro viaje por la capital extremeña. Aunque hayamos hablado de los tres lugares con más transcendencia, Mérida está repleta de maravillas arquitectónicas. Si queréis entrar en la vida de las familias romanas más adineradas, la Casa de Mitreo os permite ver, a la perfección, la estructura y organización de una casa romana. Caminar por las calles de Mérida no tiene precio, pues en cualquier momento, entre sus edificios, encuentras uno con más de dos mil años de historia.

Es el caso del Templo de Diana, erigido como un lugar de culto imperial en el Foro de la Colonia, plaza que servía como punto de encuentro para todos los ciudadanos. Allí se administraba la justicia, se realizaban las operaciones mercantiles, el culto y los sacrificios a los dioses. Pasando por la estatua de La Loba Capitolina, donada por la ciudad de Roma en el año 1997, y la alcazaba, fruto de otra época, visualizamos el imponente puente romano de Mérida. Con una longitud de casi 800 metros, es el puente romano conservado más largo del mundo. Sometido a guerras, constantes crecidas del río Guadiana y un fuerte desgaste, es el lugar perfecto para pasear durante el atardecer y ver cómo los colores del cielo se proyectan en el agua del Guadiana.

Así es como terminamos nuestro breve recorrido por Augusta Emerita, dejándonos una lista de lugares igual de increíbles en el tintero, pero prefiero dejaros con la miel en los labios y que lo descubráis por vosotros mismos.

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