Finales europeas atípicas

El encuentro de Champions League entre el Liverpool y el Atlético de Madrid, disputado en la ciudad inglesa, no solo será recordado por la increíble gesta de los colchoneros, sino por ser el último partido disputado con público en mucho tiempo, así como el último de esta competición que se jugó en muchos meses.

Todos los aficionados al fútbol esperábamos con ansias el anuncio de que los jugadores volverían al campo a defender sus camisetas, a pelear por todas las competiciones que quedaron paralizadas por el coronavirus, a que volviese a rodar el balón.

Fue en mayo cuando se anunció que, por fin, el fútbol volvería en junio, y que la Champions y la Europa League se jugarían en agosto. Pero, obviamente, la situación no permitía que los encuentros se llevasen a cabo con total normalidad. Cada equipo debería seguir un protocolo sanitario, cargado de pruebas para detectar los positivos de jugadores, cuerpo técnico y demás staff, para no poner en riesgo el juego.

Tampoco los aficionados podrían ir a animar al estadio, lo que hacía que muchos se quejasen, porque todos sabemos que la afición es el jugador número 12 y, sin ellos, el fútbol pierde mucho sentimiento.

Estadio de fútbol vacío

El nuevo formato que se siguió durante el mes de agosto en ambas competiciones fue el siguiente: se disputarían las vueltas de los partidos que no se habían jugado en el mes de marzo (en Champions el Manchester City-Real Madrid y Barcelona-Napoli; y en Europa League todos los encuentros de octavos de final). Entre el 10 y el 12 de agosto empezaría la competición entre todos los equipos ya clasificados para cuartos de final.

Las eliminatorias, a partir de aquí, fueron a partido único y en campo neutral. Se había seleccionado una sede para cada torneo: Alemania fue la elegida para los encuentros de la Europa League, y Portugal, concretamente Lisboa, para la Champions League.


El viernes, 21 de agosto, el Estadio Rhein Energie, en Colonia, acogía la final entre Sevilla e Inter. Los de Conte se adelantaban en el minuto 5 con un gol de Lukaku, tras un penalti ocasionado por Diego Carlos. No tardaría mucho en llegar el empate gracias a un gol de Luuk de Jong. En el minuto 33, el delantero del Sevilla adelantaría a su equipo, aunque Diego Godín volvería a poner el empate tan solo dos minutos después.

El empate con el que se fueron al descanso duraría hasta el minuto 74, poco después de que Lukaku fallara un mano a mano con Bono, siendo el que metería el gol en propia puerta que le daría la victoria a los de Nervión, consiguiendo así su sexto título.

El domingo 23, por su parte, el Estadio da Luz de Lisboa se encargaría de albergar la final de Champions League entre PSG y Bayern. Los franceses llegaban por primera vez en la historia a una final de la Copa de Europa, mientras que el Bayern de Múnich llegaba a su undécima final, habiendo ganado ya 5 títulos.

En un partido en el que no hubo demasiados tiros a puerta ni goles, pero en un partido entretenido, intenso y bonito, Coman fue el encargado de abrir (y cerrar) la lata. Con tan solo un gol, el ex del PSG dio la victoria a los alemanes, quienes levantando la orejona consiguieron el segundo triplete de su historia.

Ahora solo queda esperar que vuelvan las ligas, que para los finalistas de ambas competiciones empezarán entre el 10 y el 18 de septiembre; y una semana más tarde, el 24 de septiembre, Bayern de Múnich y Sevilla se verán las caras en la Supercopa de Europa.

Después de tantos meses sin público, por fin será el Puskas Arena de Budapest el que acoja, al 30% de su capacidad, a aficionados para que disfruten del duelo en el estadio. Esto es un pequeño paso para acercarnos, poco a poco, a lo que es el fútbol que siempre hemos visto y estamos acostumbrados, pero por el que tendremos que esperar para disfrutar plenamente de él.

Cámara retransmisión

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