Elena Corral y Patricia Benedicto: «Sobre canciones de amor y bailes de fiesta»

Tras reseñar la muestra de Tres Canciones de Amor, en CAMS hemos tenido el privilegio de poder entrevistar a dos de las protagonistas de esta obra teatral. Ellas son Elena Corral, una de las actrices principales del elenco, y Patricia Benedicto, dramaturga y actriz del proyecto.

Elena Corral, actriz principal
Patricia Benedicto, dramaturga y directora

La idea de esta muestra de teatro nace desde una compañía llamada La Trapecista Autómata, ¿cómo surge estainiciativa? Contadnos un poco sobre esto.


Todo nace hace ya muchos años en Móstoles. Nos unimos en una compañía que ya estaba creada, Ambigú, en la cual había otros muchos actores que se fueron desvinculando poco a poco. Una vez que en la compañía quedamos solo nosotras tres, Laura, Patricia y Elena, decidimos cambiar el nombre a La Trapecista Autómata, como sugerencia de Patricia, y empezamos con nuestros proyectos independientes y con los cuales nos sentíamos más cómodas e identificadas en cuanto a valores.


Para Patricia, ¿cuál fue el proceso de creación de Tres Canciones de Amor? Tu inspiración, qué querías transmitir…


Tres canciones de amor surge de una ruptura amorosa, un momento personal en el que chocó mi necesidad de búsqueda del amor, con mi gusto por querer investigar acerca de la feminidad en este ámbito, acerca de la figura de la mujer en el amor, expuesta en base a su relación con los hombres. Cómo nos construimos como mujeres desde esa figura de mujer sumisa y complaciente al hombre, desde los mitos románticos.


¿Cómo fue, como actriz, participar en un proyecto con tanto éxito de taquilla? ¿Qué es actuar en un teatro tan alternativo como La Cuarta Pared?

Para mí el teatro es algo indiferente, porque lo que quiero es sentirme realizada haciendo lo que hago. Actuar en Cuarta Pared fue guay, estrenar allí siempre es una oportunidad porque la Sala tiene un renombre, pero para mí lo más importante es sacarle todo el partido a las muestras que lleve a cabo, darles el máximo recorrido posible, y actuar en todas las salas donde se nos dé oportunidad, siempre que disfrute de lo que estoy mostrando.

¿Cómo surge en ti la idea de ser actriz y de encaminar tu vida en el teatro?


Desde pequeña tenía metido en la cabeza que quería ser actriz o bailarina, y era algo que tenía muy claro. A los 18 dejé de estudiar porque no me sentía a gusto con ello, y me enteré de que en Móstoles se daban cursos de teatro, así que no lo dudé ni un instante. Allí fue donde coincidí por primera vez con Marta Baro, y donde empecé a encaminar mi vida hacia la actuación, que es lo que verdaderamente me hace feliz.

¿De qué otros proyectos artísticos que hayas llevado a cabo te sientes orgullosa? Sabemos que además escribiste Moscú y fue otro éxito de taquilla. ¿Volverías a poner en escena ese proyecto?


Como pasó es como te lo cuento fue uno de los proyectos iniciales que creamos y disfrutamos como actrices, pero sin duda al que más cariño le guardo es a Moscú. Fue una obra que habla sobre el lugar que imaginamos, pero donde nunca estamos, de la mano de Irina (mi personaje), Masha y Olga, tres chicas que sueñan con dejarlo todo y marcharse a Moscú, pero que siempre encuentran algo que hacer. Volvería a poner este proyecto en escena las veces que se me permitiese, porque es con el proyecto con el que más me he identificado y con el que disfruté plenamente.


¿Se muestra la personalidad de Elena Corral en cada personaje que interpreta, o te abstraes en el escenario y experimentas al 100% con cada papel que recibes?


¡Es una pregunta difícil! Casi que prefiero que la conteste Patri, que es la que me ve actuar… En realidad, no sabría decirte. Hay personajes con los que sí me siento identificada, y tienen más de Elena porque las vivencias que cuento las he sentido yo misma, por supuesto, y ahí es imposible no poner tu esencia. Pero en cambio, hay otros papeles que suponen un reto como actriz para mí, con los cuales no me identifico y por lo tanto no tienen esa parte que hace más fácil el trabajo. En Tres Canciones de Amor había muchos textos con los que no me sentía identificada, pero me gustó a la vez defenderlos y que eso supusiera un desafío como profesional.

¿Qué te gustaría conseguir como actriz, a día de hoy? ¿Y a ti, Patricia, como dramaturga y actriz?


Me gustaría vivir íntegramente del teatro, porque es lo que me gusta y con lo que me siento más conectada. Soy una persona que tiene la necesidad de sentirse plena con lo que hace, y no me veo trabajando en nada más convencional porque no sería feliz. Prefiero ser profesora de teatro y enseñar a otros algo con lo que yo esté a gusto, y sin duda pediría poder hacer del teatro mi medio de vida.

Como dramaturga, por supuesto pediría seguir teniendo esa libertad creativa que tengo ahora, pero con más apoyo del Estado para que el teatro pudiese ser el 100% de mi vida laboral, y el 50% de mi vida personal. Me encantaría vivir actuando con mi compañía, escribiendo guiones que nos gusten, y poder tener un espacio donde poder crear nuestras propias muestras. Dejar de hacer teatro por encima de nuestras posibilidades, y tener más y mejores medios. Aunque sabemos que es difícil, porque el mundo teatral es muy complicado, y más por desgracia en el país en el que vivimos.


¿Hay algún nuevo proyecto teatral en camino? A corto y largo plazo.


¡Yo sí tengo alguna idea que aún ni siquiera he comentado a Elena, pero que he estado pensando! Antes de todo lo ocurrido con la crisis del COVID-19, estábamos despegando con la muestra de Tres Canciones de amor, pero teníamos la idea de que queríamos escribir sobre otros temas, como la familia. Ahora es más complicado; si antes ya había incertidumbre, en estos instantes se multiplica… Pero de momento solo puedo adelantar que tengo una idea que creo que puede funcionar, y va a ser barata… ¡Lo único que necesitamos es un colchón hinchable!


¿Qué es para ti Tres Canciones de amor? ¿Qué representa como actriz? ¿Volverías a representar la muestra?


Un completo desafío. Yo sé escribirte una comedia de salón, con diferentes personajes y que sea completamente normativa, eso sé hacerlo, pero obras tan experimentales como esta ni las sé escribir, ni las sé dirigir. Es un reto, y me gusta verlo así, un salto al vacío que no sabes si saldrá bien o saldrá mal, pero disfrutas haciendo.


Como actriz es parecido. Supone un duelo, además, para adecuarse a lo que la directora espera de ti, pero es un desafío que acabas apreciando mucho, y que, en mi caso, empiezas a entender aún más después de haberlo realizado.

¡Por supuesto! Y, de hecho, en marzo teníamos otra función pendiente, que hemos tenido que anular por la crisis sanitaria. ¡Pero podemos anunciar felices que, si todo va bien, volveremos a representarla en el Teatro Villa de Móstoles aproximadamente en noviembre!


Pregunta algo más subjetiva, pero igual de importante: ¿tenéis alguna parte favorita en especial de esta obra de teatro?


Para mí como Elena, la escena de la violación fue la que más me ha marcado. No era una escena de brutalidad, sino al contrario. Patri desde un principio sabía cómo quería mostrar esa historia, y realmente me pareció bonita, aún con todo lo horroroso que quiere representar. La delicadeza del detalle.


Como directora, disfruté mucho la escena de las cartas, que sé que es larga, pero me pareció muy bonita por cómo se entendían, cómo se trataban, y lo bien que lo hicieron. Y si tuviese que escoger otra, sin duda sería la escena final, donde Elena sale solo con un foco, porque me parece que tiene una calidad de actuación muy alta.


¿Buscabais añadir en la muestra algo de teatro abstracto, o simplemente surgió en el montaje? ¿Qué reto supone como actriz enfrentarte a una actuación más abstracta y menos realista?


Yo tenía claro como directora que quería investigar y experimentar en escena. Al leer e informarme sobre la mujer y cómo vive el amor, quería mostrar hasta las partes más oscuras de este, porque el amor tiene cosas preciosas, pero también dolor y sufrimiento. Y a la vez algo que te atrapa. En la escena de la violación, a mí se me venían a la mente conceptos como el bosque al que solas no podemos ir — porque por mucho que queramos no podemos ir; y yo me pregunto: ¿por qué? Yo soy una ciudadana más, y tendría que poder moverme libremente por donde quisiera, pero eso no es así en la realidad—, la oscuridad, las voces susurrantes en mi cabeza… Lo fácil eran los gritos y el histerismo, pero prefería enfocarlo de otra manera.


No sé si es porque estoy acostumbrada a ese tipo de teatro, pero para mí no sería exactamente algo abstracto. Lo que muestra, aunque llevado desde otro lado, es reflejo de una realidad, y por eso sigue siendo cierto. No supone un reto por ser abstracto, si no por lo que representa. A día de hoy sabemos que el mundo del teatro es uno caracterizado por su dificultad, y bajo él siempre está ese pesado estigma que afirma que es un lugar al que solo asisten gente mayor y personas adineradas.

¿Alguna idea para conseguir fomentar el consumo del teatro entre más sectores de la sociedad?

Es cierto que, en salas más alternativas, el público joven es más habitual, pero, desde luego, es una preocupación para todos los que trabajamos en la coordinación, esa falta de conexión con el público más joven. Es cierto que existe un tipo de teatro infantil, y de él se pasa al teatro adulto, por lo que las edades más adolescentes comprendidas entre los 15 y los 17 no tienen apenas voz. En ese sentido, esa sería una buena opción, pero no es la única. Apostamos por abrir el teatro a los jóvenes para que puedan conocerlo haciendo algo que les guste, todo tipo de arte sobre un escenario, pero lo esencial es sin duda la educación. Que el teatro esté presente en la educación como herramienta, porque, aunque no se quiera ser actor o actriz, sirve para comunicarse, para relacionarse, y te hace desarrollar uno de los valores más importantes; la empatía. Por la educación empieza todo.


¿Algún consejo para jóvenes que deseen hacer de la actuación su motor de vida?

Hay que luchar. Si de verdad quieres dedicarte a este mundo, existen muchas cosas que tienen que cambiar. Nuestra generación ha tenido mala suerte, porque ha sufrido una crisis económica enorme, pero es que la vuestra va a tener que vivir dos, y hay mucho por lo que pelear. No sirve con que a ti te vaya bien, tienes que cambiar ciertos pilares para que a este mundo se le dé el valor que se merece. Así que luchar, mucho, e implicarte. Es la única manera de que funcione.

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