¿Se está perdiendo la transcendencia de las obras literarias inglesas?

Es una realidad que todas las clases de arte tienen un distinguido número de ejemplares o autores que se denominan por toda la humanidad como “universales” o “clásicas”. En las artes plásticas, cualquier persona con un nivel medio de cultura puede dar cuenta de quiénes son los grandes pintores Van Gogh, Goya, Monet o Picasso, o citar, al menos, una de sus obras. Por otro lado, en el panorama musical es muy extraño encontrar a alguien que no haya oído hablar de Mozart, Beethoven, e incluso personajes más actuales como pueden ser The Beatles o Nirvana.  

En literatura, por tanto, también podemos encontrar personas que marcaron estilos y ritmos distintos en diferentes épocas de la historia. En España, Miguel de Cervantes, José de Espronceda, Rafael Alberti, Pío Baroja o Benito Pérez Galdós son nombres que no pueden ser olvidados y pasarán a la historia como auténticos genios de su área, y en la literatura universal general también destacan ciertos autores como Ghoete, Jane Austen, Mary Shelley, Víctor Hugo o Charles Dickens.  

La literatura inglesa y su trascendencia son un hecho indudable para todo novelista o lector que se precie. Infinidad de obras y autores han conseguido llegar a lo más alto del status gracias a su talento con la escritura, y es prácticamente imposible dar con alguien a quien no le haya conmocionado la historia del Frankenstein de Mary Shelley, que no se haya sentido inspirado con el ruiseñor de Keats o que no haya deseado vivir en ese mundo rústico inglés que presenta Jane Austen.  

Actualmente, el inglés se posiciona en lo más alto del ranking de hablantes mundial y, de hecho, ya solo con mencionar el idioma podemos corroborar la importancia que tienen sus escritores en ella, puesto que el inglés es comúnmente conocido también como “la lengua de Shakespeare”.  

Esta literatura corrobora nombres y obras célebres desde los inicios de la historia. William Shakespeare ya concebía la literatura como un pilar fundamental para la cultura del mundo occidental, y su legado nos deja hoy novelas tan ejemplares como lo son Romeo y Julieta, Macbeth, Hamlet, El sueño de una noche de verano Otelo. Además, dedicó gran parte de su vida a escribir célebres sonetos, y unidos a sus comedias, tragedias y obras de teatro, este autor puede considerarse uno de los escritores más conocidos y prolíficos de esta literatura. 

Oscar Wilde y su Retrato de Dorian Gray, o el erudito Eric Arthur Blair, más conocido como George Orwell, y Rebelión en la granja o 1984 dejan un legado significativo e incluso una crítica atemporal a una sociedad deshumanizada que actualmente se siguen admirando y consultando por la crítica especializada y los lectores de a pie. 

Además, el filántropo Charles Dickens, por su parte, se considera también como un escritor inglés de culto. Dickens conoció su éxito con Los papeles póstumos del Club Pickwick como periodista y, más tarde, obras como Oliver Twist, David Copperfield, Cuento de Navidad o Historia de dos ciudades, son aún a día de hoy fundamentales para el estudio de la lengua anglosajona y de toda la literatura universal.  

Y si hablamos de poesía, el romanticismo de Lord Byron y, en especial, de Keats con sus odas y poemarios, hacen que se le considere uno de los poetas más puros, entendiendo por pureza esa meticulosidad suya no solo por el contenido de la poesí­a y su significado, sino también por la métrica y la elegancia de la misma.  

Es una realidad que la historia de la literatura le debe mucho al mundo inglés y su estilo, pero, actualmente, parece que esa transcendencia, importancia o incluso calidad de las obras que ahora se escriben, se está perdiendo. Ya no se crean criaturas fantásticas y elevadas como la de Shelley, ni se conoce una prosa o un verso semejantes a los de los grandes clásicos.  

Si bien es cierto que existen figuras importantes hoy en día que todo el mundo conoce, es más difícil encontrar un ejemplar que se espere vaya a tener una trascendencia en la historia. Es habitual que se hable de J. K. Rowling y su saga fantástica de libros de magia, la cual ha tenido un éxito indudable a nivel mundial e incluso ha sido traducido a 65 idiomas diferentes, pero ¿realmente se concibe una literatura al nivel de los grandes clásicos? 

Es una realidad que no todas las novelas deben ser moralistas o metafísicas para considerarse de un alto nivel literario, y que puede reconocerse el talento en la sencillez de palabras o relatos menos clasistas y elevados, pero en los tiempos que corren, parece que nada vaya a tener un impacto tan grande como quizá lo tuvieron los maestros de antaño Edgar Allan Poe, Borges o Tolstói, o al menos no enseñan tanto acerca del mundo en su totalidad.  

Por supuesto, es una cuestión que quedará sin resolver hasta pasados los años, cuando realmente se pueda decidir qué ha sido trascendental o no en este siglo. Es cierto que actualmente parece que el tiempo pasa mucho más deprisa, que todo está en constante cambio y que nada puede atarse a quedarse para siempre, y ese quizá sea el mayor problema de la sociedad actual: la inmediatez de nuestros recuerdos y recursos. Por ello, en ocasiones produce miedo replantearse la posibilidad de que en el planeta dejen de existir legados eternos.  

A modo de conclusión, es evidente que la literatura universal seguirá componiendo grandes obras literarias, y las nuevas generaciones tendremos todavía la oportunidad de crear contenidos que pasen a los umbrales de la historia, dándoles la importancia que estos merecen. Pero es un recorrido tedioso del que deberemos hacernos cargo, si no queremos ser meros espectadores del curso de la historia y, a su vez, de la pérdida de trascendencia de toda aquella herencia que nuestro futuro esfuerzo puede aportar a la sublime literatura universal conocida. 

Genius is one percent inspiration and ninety-nine percent perspiration

Thomas Edison

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