Bulgaria

Cada vez que escucho este nombre se me pone la piel de gallina, como una niña recién nacida que tirita por el viento al salir del hospital. Una palabra que conlleva ocho letras, y parece que esas ocho sean el pilar de mi vida. Ocho letras, ocho pilares que sustentan la razón de mi existencia, cómo soy, de dónde vengo y a dónde voy. Cuando hablo de Bulgaria, siento que formo parte de la migración de las aves, pero con una diferencia:  que no es un viaje estacional lo mío, sino atemporal.

Para adentraros en mi mundo, es necesario que sepáis quién es Bulgaria y a qué se dedica. El país forma parte de la Unión Europea desde el 2007 y está situado al sureste del continente europeo y tiene fronteras al norte con Rumania, al oeste con Serbia y Macedonia del Norte y al sur con Grecia y Turquía. Al este de Bulgaria se encuentra el mar Negro y una de las ciudades costeras más bellas del país, Warna. Lo tiene todo, el mar y la montaña. La capital, Sofía {búl.: София} está rodeada al sur por el monte Vitosha y al norte por las montañas de los Balcanes. El paisaje se define por varias zonas montañosas entre las que destacan la Stara Planina (los Balcanes) y las montañas Ródope, así como las montañas Rila.

Bulgaria es el amor de mi vida, suelen decir eso de la “media naranja”. Un país pequeño, pero agradable, el hogar de 7 millones de habitantes. Como esas casas al lado de la playa que no se sustentan con mucho, pero las vistas merecen la pena. Bulgaria son vistas hacia el pasado y hacia el presente, es la línea fina entre ir y quedarse, entre la añoranza y la felicidad, el huir para vivir mejor; es el comienzo de muchos y el fin para otros tantos.

Curiosidades sobre Bulgaria

Una de las cosas que más me llamó la atención al principio de mi llegada a España eran los divertidos malentendidos que se formaban y es que los búlgaros asentimos y negamos al revés que el resto del mundo. Se niega con la cabeza para decir y se afirma para decir no. Decía Marc Twain que “cada vez que te encuentres del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. No dudo que tuviese razón, cada vez necesito un mínimo de tres segundos para pensar cómo expresar correctamente el o el no. Aún no me aclaro y dudo que lo haga jamás. Otro tema interesante son los apellidos. ¿Cómo explicarle a un español que no tenemos dos apellidos, sino solo uno? Doce años y sin éxito. En Bulgaria se usa solo un apellido: el del padre. Pero después del nombre de pila utilizan un patronímico, que indica el nombre de pila del padre. Por ejemplo, si un hombre se llama Ivan Penchev y tiene un hijo que se llama Christian, éste se llamará Christian Ivanov Penchev. Es decir, Christian+ hijo de Ivan + de la familia Penchev.

Como cada país Bulgaria también tiene su propia lengua oficial: el búlgaro. Si ya era difícil entender el tema de los apellidos, el alfabeto cirílico es aún más complicado. Pero no hay nada imposible de aprender. Los hermanos Cirilo y Metodio crearon el alfabeto glagolítico, y más adelante su discípulo San Clemente de Ohrid lo adaptó a lo que hoy se conoce como alfabeto cirílico. Cuando el Rey búlgaro Simeon I cambia el alfabeto y establece el cirílico como lengua materna, en Bulgaria se empieza con la transcripción de documentos religiosos para todos los pueblos eslavos. Hoy en día, se utiliza en más de 10 países.

En fin, si alguien me pregunta cómo describiría a mi país, le diría que Bulgaria es oxígeno porque inhalas su historia y su cultura desde que naces y te convierte en lo que eres, le debes el aire que respiras, pero también diría que es aire contaminado de pobreza, de miseria, de juegos políticos que ensucian el futuro de los jóvenes. Bulgaria es y siempre será mi mar y mi montaña, mi alegría y mi tristeza, mi familia y mis amigos, el hombro en el que lloraré cuando no pueda levantarme. Es y será donde guardo los recuerdos más sagrados: los de la niñez.

Deja un comentario