Un paseo por Las Hurdes y sus alrededores

La comarca de Las Hurdes se encuentra al norte de Extremadura, limítrofe con Salamanca. Se extiende por seis valles, cuenta con seis municipios principales y 44 pueblos y alquerías.

Durante los siglos XIX y XX, se ha considerado esta zona llena de pequeños pueblos y aldeas de entre 100 y 400 habitantes, como una comarca aislada, que vivía del autoabastecimiento gracias a la ganadería y la apicultura, y cuya población ha ido envejeciendo con el paso del tiempo.

A raíz de la leyenda negra, se decía que en esta tierra no existía el progreso, sin embargo, la visión de personas que visitaron Las Hurdes, como Miguel de Unamuno, sirvió para quitar los prejuicios y conocer una tierra de naturaleza, tranquilidad, esfuerzo y trabajo.

El meandro de Melero, una sinuosa curva en el río


Situado a pocos kilómetros de Riomalo de Abajo, justo en la frontera entre Cáceres y Salamanca, encontramos este precioso meandro en el río Alagón. Las impresionantes vistas desde el mirador nos permiten contemplar esta sinuosa curva que traza el río Alagón y la isla que deja ver en medio.

Cuando el río lleva bastante agua, solo vemos los árboles sobresaliendo. Y en las épocas de sequía, vemos la marca del agua en la tierra y por dónde tendría que llegar el nivel del agua. Además, la gente puede disfrutar no solo de las vistas, también de otras actividades al aire libre como paseos en catamarán, descenso en canoa o avistamientos de aves.

El Charco de la Olla, una piscina natural de 300 metros

Aquí se juntan las aguas del río Batuecas y el río Ladrillar, y en verano, cierran las compuertas de la presa creando una gran piscina natural para el disfrute de los vecinos del pueblo de Las Mestas y para los numerosos turistas que suelen visitarla los fines de semana.

Recibe este nombre porque, con el paso del tiempo, el agua ha ido erosionando las piedras, dejando una poza bastante profunda que, al darle el sol durante la mayor parte del día en los meses de verano, el agua se calienta. Rodeado de una gran pared montañosa, siempre queda una zona al sol y otra a la sombra, sobre todo cuando empieza a atardecer. Y las superficies de la orilla permiten pasear y tomar el sol.

A los pies del charco encontramos un puente de piedra pizarra desde el que hacer unas fantásticas fotos y un antiguo molino, que en su mejor tiempo, usaría la fuerza del agua para activar los mecanismos de las piedras de molienda. Y, subiendo por unas escaleras, encontraremos un chiringuito que abre en la temporada de verano para tomarnos algo y los alojamientos rurales con salida directa a la piscina natural.

Una cascada escondida

Por esta zona de Extremadura abundan los chorros y cascadas, por ello, una de las paradas obligatorias que se debe hacer en este paseo por las Hurdes es el Chorro de la Meancera, cerca de El Gasco, una pequeña aldea a la que se accede desde Nuñomoral.

Para llegar hasta allí, hay que emprender una ruta, la cual se recomienda hacer en verano, primavera u otoño, ya que en invierno puede llegar a ser peligrosa. Está bien acondicionada y adecuadamente señalada, sin embargo, hay puntos en los que hay que atravesar el arroyo a través de pasos con piedras, un paseo por la naturaleza salvaje.

El último tramo es el más abrupto y concurrido, pasando a través de un camino bastante estrecho, hasta que oímos el agua caer, la recompensa de nuestro esfuerzo todo este camino, y solo cuando estamos a pocos metros, la pequeña cascada parece salir de su escondite y nos sorprende.


La vuelta, al ser de bajada, es mucho más rápida y fácil que la subida, pero debemos igualmente tener precaución. Si seguimos, llegaremos hasta El Gasco, donde merece la pena dar una vuelta por el casco antiguo, donde encontraremos gran cantidad de casas de pizarra.

El paisaje arquitectónico de las casas típicas de Las Hurdes puede ser tan sorprendente como los alrededores naturales. Hoy son un atractivo turístico, sin embargo, surgieron debido a la necesidad. Las técnicas de construcción se improvisaban y se empleaban los materiales más abundantes de la región: piedras y pizarra, muchas veces, sin argamasa. No seguían esquema arquitectónico y al estar construidas en terrenos de pendiente y de montaña, las plantas de las casas varían de forma, y en las calles, las casas crean espacios muy estrechos y oscuros entre ellas, debido a la ausencia de planificación.

Además, las casas solían distribuirse en dos plantas, la de abajo servía de establo y proteger a los animales de las inclemencias del tiempo; y la parte de arriba servía de vivienda para los habitantes de la casa.

La Alberca

Dentro de la comarca de la Peña de Francia encontramos esta provincia, perteneciente a Salamanca. Fue el primer pueblo español en ser declarado Conjunto Histórico Artístico, en 1940.

El encanto de este pueblo reside en la arquitectura de sus casas y las calles. Parece haberse detenido en el tiempo. El empedrado de las calles nos lleva por caminos estrechos a veces, o que dan a una soleada plaza. En algunas viviendas podemos ver todavía la fecha de su construcción y algunos escudos en los dinteles, acompañados también de cruces e inscripciones religiosas.

Y cuando llega el buen tiempo, los balcones de forja se llenan de flores, que pintan el pueblo de colores. Además, el pueblo mantiene dos tradiciones bastante curiosas: en algún momento del día, al doblar una esquina, podrás encontrarte con unas señoras vestidas de negro, que rezan, rosario en mano, por las almas del purgatorio. Se trata de las mozas de ánimas, una tradición local muy antigua.

Y, entre el 13 de junio, día de san Antón de Padua, y el 17 de enero, día de san Antón, los vecinos mantienen al llamado cerdo de San Antón, que se pasea a su antojo por el núcleo del pueblo, y, cuando llega la fecha, el animal se sortea entre los vecinos que lo han estado cebando.

La Peña de Francia

Una de las montañas más altas de la Sierra de Francia, ubicada en el municipio de El Cabaco, en Salamanca, con una altura de 1727 metro. Desde allí arriba, se puede contemplar una preciosa panorámica de la llanura del Campo Charro, la Sierra de Tamames y el pantano de Gabriel y Galán.

El nombre lo recibe debido a una repoblación impulsada en el siglo XII, cuando llegaron colonos del norte de los Pirineos. En su cima encontramos un templo dominico, el Santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia, patrona de la provincia. Recibe numerosos visitantes en verano, entre turistas y peregrinos, ya que en invierno la nieve hace inaccesible el camino al santuario y al convento.

En 1434, Simón Vela encontró la imagen de la Virgen Morena en lo alto de la Peña de Francia. Cuenta la leyenda que este peregrino francés de gran devoción, recibió un mensaje en sueños, y por ello emprendió un viaje para encontrar dicha imagen. Hizo el Camino de Santiago y, a su vuelta, se desvió por Salamanca, hasta Martín del Castañar. Al tercer día, encontró enterrada la imagen en lo alto de la peña. A partir de este momento, el peregrino se esforzó por promover el culto a esta imagen en la Peña de Francia y alrededores.


Cada año, la Hermandad de Nuestra Señora de la Virgen de la Peña de Francia, en Ciudad Rodrigo, celebra una romería que coincide con el último fin de semana del mes de junio.

Las Batuecas

Según la RAE, estar en las Batuecas es estar distraído, sin enterarse de lo que ocurre alrededor. Y con razón este lugar recibe tal nombre, pues sus visitantes se quedan absortos por su entorno natural, la montaña y el bosque. Y, en lo profundo del valle, encontramos un monasterio carmelita, el Convento del Desierto de San José, fundado en el siglo XVI. Y, durante un tiempo, fue también un albergue de hombres que querían conocer la vida en el monasterio. Además, hay siete ermitas repartidas por toda la montaña.

Las Batuecas pertenece al municipio de La Alberca, provincia de Salamanca, y recibe su nombre del río que lo atraviesa. Fue declarado bien de interés cultural con la categoría de sitio histórico en el año 2000, año desde el que también forma parte del parque natural de Las Batuecas-Sierra de Francia.

Los visitantes pueden dejar el vehículo aparcado a unos 500 metros del convento y hacer todo el camino hasta allí por un paseo habilitado. Y si quieren ir más allá, pueden remontar el curso del río, pasando por encima de las raíces de los árboles, hasta el camino que pasa al lado del convento. Si continúan recto, llegarán hasta las pinturas rupestres que se conservan en paneles y canchales, como el de las Cabras Pintadas o El Zarzalón.

O, si giran por un puente de piedra que atraviesa el río, y pasan por una puerta de hierro, llegarán a a la Fuente de las Conferencias, una zona de retiro dónde a veces, va a rezar los monjes. Además, algunos árboles de los alrededores del convento tienen carteles colgados de las ramas con frases y poemas.

– Las Hurdes tiene muchos rincones escondidos, y deberíamos darles una oportunidad para ser descubiertos y admirados.

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