Antología de almas

La nunca florecida pasión  
se cubre bajo un manto cándido,  
hecho llamar piel,  
por el que el alma vela.  
Sus ojos sostienen ilusiones;  
aquellas que en secreto me enseña,  
antes de ser enterradas por el haz de luz  
que despierta al joven de su marchita hazaña.  
Sus manos heridas portan el libro que las narra,  
que desmiente la pura belleza del amor,  
que a hablar en verso le insta, 
y por el cual en gran mal se haya.  
Ideas que enloquecen al más sensato,  
culpable de ir demasiado lejos  
olvidando cubrir su espalda.  
Aquél que cae.  
Aquél que desvela una noche equívoca,  
eterna, que solo él recuerda,  
y sobre la cual piensa bajo su hilo de tristeza.  
No es, mas recuerda;  
dos almas buscando aquello  
que toda alma anhela:  
amar; y que más tarde le quieran. 

Cristina Martínez

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