Entre polvo de estrellas y situaciones límite

Somos polvo de estrellas. El Cosmos nos acompaña constantemente, y es reconfortante sentir que en él nos refugiamos para sentir paz y protección. Carl Sagan, divulgador mundialmente conocido, habla continuamente de la combustión del hidrógeno y el helio primigenios, de esas cenizas de las cuales proceden los primeros elementos químicos pesados; del baile combinatorio de éstos, el cual crea la vida. 

No existe nada que nos una más al universo que el conocimiento de que nuestros huesos y todo cuanto los recubre están ahí, en el universo, como polvo de estrellas. Sentimos que pertenecemos a algo más grande que nos dirige, que nos ayuda a mantener el equilibrio en medio de los vientos, las olas y el constante ir y venir de las mareas de la vida, pero lo cierto es que hay momentos en los que el Cosmos decide nuestros sinos, irremediablemente. 

Desde hace varios meses el mundo está sumido en una desgracia que parece no contemplar fin hasta dentro de un tiempo. Hemos entrado en una nueva era que el mundo está llamando la Nueva Normalidad, y el momento en el que vivimos nos hace repensar muchos aspectos de la realidad en la que nos encontramos y, a su vez, la anterior que extrañamos con profundo pesar. La vivencia de encierro insoportable que tuvimos que experimentar durante casi tres meses se tradujo en infinidad de apartados, y uno de ellos, sin duda, fue el anonimato identitario y la percepción de un vacío interior generado por la intensa sensación de soledad que muchos creímos nos iba a consumir. Pasaron más de 100 días en esa condición, dado que exigencias médicas y sanitarias así lo requerían, y su efecto nocivo en lo relativo a nuestra salud mental y a nuestra concepción del mundo se hizo más preocupante y palpable.  

La imposibilidad de realizar planes y proyectos, que son las actitudes que definen el futuro, y la inexistencia de un porvenir que genera confianza y, sobre todo, impulso vital, nos hundía. Aún puedo ponerme en la piel de aquellos que vivieron la pandemia en primera línea y me tiemblan piernas y brazos. 

Se sufre mucho. Sientes miedo constantemente. Te pones al límite cada vez que sales de casa, y temes por tu bienestar y el de los tuyos una vez regresas  

Mª Carmen Bartolomé García

Trabajamos sentir un miedo útil que objetive de la mejor manera que exista la dimensión del peligro y, desde un optimismo lúcido, tratamos de actuar de un modo eficaz, impidiendo la presencia del pánico inútil, aquel que bloquea, disuelve y genera comportamientos que potencian la ansiedad y la desesperación. No existe coherencia en nuestra realidad después del jaque en el que la pandemia mundial conocida como COVID-19 nos ha puesto. Empezaremos a disolver fobias de distinto calibre, algunas que ya existían con anterioridad y pudieron quedar fortalecidas, y otras que esta bizarra situación habrá producido. Y comenzaremos a transitar y gestionar los duros duelos por las pérdidas reales, tanto materiales como simbólicas, cuyo proceso requerirá un determinado tiempo difícil. Enfrentar, además, el miedo a la repetición de lo traumático, y recuperar esa esperanza entusiasta de nuestra persona, de nosotros mismos, y la consistencia de nuestros ideales, será otra batalla.  

Nos acostumbramos a vernos a través de pantallas, a trabajar de manera digital y a agotar nuestras energías frente a ordenadores y dispositivos electrónicos, a hacer una vida interior y aislada y, aunque la situación va cambiando, nuestros hábitos se mantienen. No nos abrazamos, ni nos sentimos; no nos vemos más que como exposición de la bacteria. Una nueva normalidad con amores y relaciones diferentes, en la que el afecto está profundamente restringido y la distancia prima. Un nuevo mundo al que le falta humanidad y que aún debe velar mucho por la empatía, la solidaridad y el cariño. Un aprendizaje, quizá, para tiempos futuros en los que la cercanía vuelva, y con ella también nosotros, “los polvo de estrellas”.  

Fotografías: Sonia Cuevas

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