Igor Navarro: «Bisectrices es un libro que ha estado en constante maduración y mimo»

Entrevista realizada por Sonia Cuevas y transcrita por Cristina Martínez

Igor Navarro, de 21 años, tenía claro que su obra debía tener un sello identificativo. Así, nació Bisectrices, su primer libro de poesía interactivo. En CAMS, tuvimos la enorme oportunidad de hacerle una entrevista y charlar con él acerca de su vida, su proyecto de escritor y su nuevo trabajo. Sin duda alguna, tiene un futuro prometedor, pues sus ideas no solo son innovadoras, sino que despiertan los sentimientos más bonitos que residen en nosotros.

Bisectrices Igor Navarro
Igor Navarro

Antes de meternos de lleno en tu obra, nos gustaría conocer tu inicio en las letras. ¿Cómo nació tu pasión por la escritura? 

La pasión por la escritura es común en casi todos los escritores, y surge a raíz de un desamor, emociones, el no entender muy bien lo que está pasando fuera y lo que estás sintiendo, que es inherente. Yo empecé a escribir con siete u ocho años, pero la poesía llegó a mí de adolescente, con quince o dieciséis. 

¿Consideras que tuviste algún referente cercano o nació de ti?

Con la poesía llegas a tus conclusiones, reflexionas, pero realmente sí tuve un referente y fue un profesor de literatura, que además es escritor de novelas. Me resultaba muy interesante porque amaba la literatura, todo lo relacionado con ella y con hacer sentir escribiendo, y fue algo hipnótico; no sé casi ni describirlo. Y eso me dio pie a mí para desarrollarme artísticamente. 

¿Cómo se desarrolló tu vida antes de publicar tu primer libro? ¿Cómo era Igor Navarro?

Bisectrices ha sido la convergencia de todo lo que yo había escrito antes. No es el primer libro que acabo, de hecho tengo cinco más, y uno que estoy terminando, pero este me parecía lo suficientemente completo para exponerlo como mi primera vez de escritor. 

En cuanto a mi vida, profesionalmente ha seguido el mismo modelo que antes. Apenas ha cambiado, no supuso un punto de inflexión, si no más bien el culmen, el fin de una etapa. 

¿Qué te llamaba más la atención cuando comenzaste a escribir?

Lo que ahora mismo me parece más exponencial es la capacidad que consigo para disgregar los elementos de una situación. Yo, además, soy dibujante y si veo una foto, por ejemplo, no creo que la observe de la manera en que lo hará alguien que no dibuje, porque yo veo su figura, el boceto inicial, la combinación de colores, etc., y escribir es igual. Al redactar, te das cuenta de que las situaciones al final no son tan esporádicas o intangibles, se pueden crear, provocar, potenciar… Hacer lo que quieras. Estamos más supeditados a la hora de hablar de lo que pensamos, no es todo tan repentino, tiene muchos esquemas comunes, y eso me llama la atención. 

¿Cuál crees que es el punto de unión entre las dos disciplinas que practicas, el dibujo y la escritura?

Diría que son complementarias y casi inherentes. Si no te explican una obra, o lo que ha motivado al autor para realizarla, se pierde una gran cantidad de información y de sentido. Por ejemplo, ahora en la pandemia, que la gente lleve mascarilla hace que se pierda un enorme porcentaje de comunicación, y en mi opinión, si una narración va acompañada de una ilustración o de una imagen —de otro canal de información en general—, puede aportar que te haga sentir algo más.

¿Tenías una temática concreta en la disciplina artística del dibujo?

Al principio, en ilustración a mí me gustaba el arte del tatuaje. El ver esos dibujos me hizo querer investigar más sobre la disciplina del dibujo, los colores, la técnica claro-oscuros, el realismo, e incluso el dibujo japonés.

Metiéndonos más de lleno en Bisectrices, este cuenta historias a través de poemas y dibujos, pero además nos hace disfrutar de una experiencia que va mucho más allá. ¿En qué momento te diste cuenta de que la obra debía tener una parte interactiva?

Viene a raíz de la importancia de la comunicación no verbal. Consigues transmitir al lector una experiencia plena y con Bisectrices he conseguido que la obra se convierta en algo que no te sientas a leer y ya está, sino que te transmite algo. Te provoca sensaciones totalmente distintas, como el hecho de leer un poema y que yo, mientras, te ponga un sonido sordo, como el del coche cuando vas por una autopista. Pretende ser una nueva forma de hacer arte, algo innovador.

Bisectrices

¿Crees que este tipo de escritura va a ser adaptada por más autores? ¿Crees que tiene un futuro?

A mí me gustaría que no, porque ya no sería propiamente mío, pero el arte es inspiración, tomar una idea y hacer algo tuyo. Por lo que diría que sí, ya que significaría que ha gustado mucho, y a la vez que no, porque ya no será una idea completamente mía.

¿Qué te llevó a elaborar este proyecto a esa escala? ¿Cómo nació la idea de meter elementos de interacción, música, etc.?

Nació en la cuarentena, y durante todo este tiempo. Me dieron la oportunidad de desarrollar mi idea más en serio, de entender qué echaba yo más en falta en un libro de poesía normal, y completé una experiencia de un libro que yo había leído con el mío. Fue una manera de recrear y ser vanguardista: dar un nuevo enfoque y un nuevo público.

También tienes tu obra en formato de booktrailer, y en tus redes sociales es algo muy atractivo por todo el material audiovisual que lo acompaña; ¿cómo fue este proceso de creación?

En las primeras páginas de Bisectrices se hace una introducción —lo que yo he llamado instrucciones—, cuando te pido que te sirvas una copa de vino y te relajes, busco ese momento de relajación, que tiene mucha simbología porque el proceso de creación es muy parecido a eso, con todos sus matices. Y el material audiovisual para mí es esencial en una era como es esta, es algo vital; por la era de consumo en la que nos encontramos, somos muy superficiales, y si algo te gusta o te llama la atención, te animas a descubrirlo un poco más.

¿Hubo algún punto de inflexión que marcase la línea de tu trabajo?

Realmente sí. Mi vida personal y profesional iba bastante bien, pero realmente mi punto de inflexión fue mi pareja, que me animó a lanzarlo, a dibujar más de lo normal, descubrir mi potencial y mejorar muchísimo, consciente o inconscientemente. El buen momento personal, el tiempo y la convergencia de muchas circunstancias positivas, en definitiva. 

¿Cómo conseguiste la inspiración para este gran proyecto y cómo fuiste capaz de reunir esos valores y esa creatividad para ser capaz de crearlo en un momento en el que todos estábamos encerrados?

Yo leo muchísimas anécdotas y curiosidades, o qué lleva a la gente a escribir, por ejemplo, y eso me ha hecho alejarme de las tramas habituales, y mi mente es muy reflexiva, por lo que si me das tiempo, dreno creatividad. Y, además, conocer más a fondo a autores de la Belle Époque o a Buero Vallejo, y todo ese bagaje cultural me ha ayudado mucho. 

¿Cómo definirías el proceso de creación de Bisectrices? ¿Y la obra en sí?

Lo definiría con la palabra “reserva”. Es muy adecuado por el hecho de que hay fragmentos escritos anteriormente, porque ha sido una obra bastante cuidada por mi parte, y por continuar con esa alegoría con el vino. Una pieza que ha estado en constante maduración y mimo. La obra, sin duda, con la palabra “inefable”.

Utilizas las redes sociales como un gran apoyo de tu obra. ¿Crees que son importantes para los artistas actualmente?

Importante se queda corto. Todo está muy burocratizado y las redes sociales son fundamentales, porque al final se convierten en una presentación con la que tú cuentas de lo que subes y lo que transmites. Es algo común encontrarte con alguien en la calle que conoces de Instagram, y nunca te pregunta por lo que subes pero sabe perfectamente lo que has estado haciendo. Son esenciales en el día a día de un autor, y bastante decisivo, aunque a veces se nos va de las manos: hay que entender lo que consigues y el valor de cada proyecto.

¿Qué has aprendido de las redes sociales y qué errores crees que comete la sociedad en su uso?

He aprendido que todo es estético. Vas a vender algo mucho más si es bonito. La gente se enajena mucho con ello, y creo que habría que valorar más la calidad del trabajo, si algo es bueno realmente y tiene un fundamento o una reflexión detrás.

En tus redes sociales, además, hemos podido ver guiones teatrales, ¿podrías contarnos más acerca de este proyecto?

Sí, de hecho ayer casi lo terminé. Como una película, es un proyecto que tendrá su ambientación, su fotografía visual y un guion propio del teatro: es una nueva forma de redescubrir el teatro escrito, que está extinto a nivel general. Tiene su magia, y es lo que yo quiero hacer ver. En mi caso, es un thriller psicológico de una pareja, desarrollado en Madrid, y en mi opinión es bastante interesante.

Con todas estas ideas que quieres implementar en tus obras, en mayor o menor medida, a largo o corto plazo, ¿qué te gustaría conseguir o inspirar para con tus lectores?

Siempre hacer sentir y, en el caso de Bisectrices, donar la mitad del dinero que gano con él a la Fundación Aladina, por el hecho de que cambiar el arte por algo tan banal como es el dinero, no va conmigo. Prefiero reciclarlo como ayuda. Y, por supuesto, que el lector tenga un lugar primordial en la obra, y que consiga empatizar y personalizar la propia poesía.

¿Cuál sería tu mayor sueño como escritor?

Seguir disfrutando de escribir y mantener los éxitos suficientes para no desmotivarme. Y, por supuesto, dirigir una obra de teatro supondría mi mayor éxito personal

¿Con qué canción definirías tu obra?

Aunque escucho de todo, si tuviese que quedarme con alguien sería con Juancho Marqués, con su canción Te acuerdas que, o Nuevo Mundo. Supone un nexo. Aunque también lo relacionaría con un artista que se llama Miranda.

¿Con qué canción definirías la situación por la que está pasando nuestro mundo ahora mismo?

Con alguna canción de Costa, por ser algo distinto, alterado, pero con su cierto orden. A pesar de todo lo que pase fuera, el tiempo es llano, y todo lleva un orden analítico, así que con él, sin duda.

¿Con qué sonido de ambiente definirías tu vida?

Con el mismo que aparece en Bisectrices: el sonido de una cafetería

¿Relacionarías Bisectrices con alguna película o escena de película en general?

Realmente con una película no, pero sí con algún videoclip de Juancho Marqués o el Devuélveme la vida.

¿Qué película recomendarías a los lectores de CAMS?

El caso de Benjamin Button, porque me parece una película vital para cuestionarse lo que vivimos, y Mientras duermes, para poder entender situaciones curiosas y muy recomendables.

¿Y algún libro que no te canses de leer?

Historia de una escalera, de Buero Vallejo. Disgrega muchas situaciones y personajes, y me parece muy interesante. Asimismo, recomendaría la novela Genji, es inmensa y muy antigua, pero es increíble cómo ahonda en la psicología de los personajes y nos deja ver que las personas en antaño no son tan distintas a como somos ahora. 

¿Podrías contarnos una experiencia que te haya marcado? Personal o profesionalmente.

Una de las más impresionantes sucedió hace poco, en Navidad. Tengo una obra expuesta en un bar de Madrid, el mejor restaurante para mi gusto, y conseguir exponer allí mi obra me parece increíble.

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