Cuentos de Ikram: El ladrón de almas

Hay en este mundo un mal del que difícilmente podrás salvarte, querido lector. 

Se trata de la propia maldad

La maldad habita en el corazón de todas las personas, y en aquellos consumidos por las tinieblas crecen sus enredaderas de espinos. 

Esta noche, si eres lo suficientemente valiente como para oír esta historia y adentrarte en sus profundidades, escucha atento, el relato que voy a contarte. 

***

En los albores del tiempo, el universo estaba dividido en dos mitades: la oscuridad y la luz. Dos entes inmutables, inalterables y eternos. Aparentemente. 

Un día, no se sabe cómo, una gran llama se propagó por la línea que los mantenía separados y todo explotó. 

De esa explosión de luz y color surgió la isla del cielo, una gran isla flotante, un auténtico paraíso lleno de vegetación en abundancia y cristalinas agua que caían por cascadas de leyenda. Donde habitaron los primeros hombres, en perfecta armonía con la naturaleza. Pero la paz de esta isla se vio corrompida por una estrella que cayó del cielo. Era un ejemplar único, una singular esfera transparente, en cuyo interior ardía una llama que no se consumía. Esa curiosa estrella esférica era la responsable de que la isla pudiera mantenerse en el cielo.

Hasta que la maldad y la codicia de los hombres por conseguirla provocó una cruel y sangrienta guerra. 

Como resultado de la masacre, un nigromante robó la esfera

Pocos saben a dónde huyó, pero, tras el suceso, el suelo de la isla se agrietó, la tierra se volvió infértil, el agua se emponzoñó, los animales fueron muriendo poco a poco, y finalmente, la isla se precipitó desde las alturas hasta el océano sobre el que flotaba. El mismo océano que hoy baña las costas de Ikram y de muchos otros reinos. 

El nigromante, que era conocedor de los secretos de la magia antigua y nueva, de la magia blanca y la magia oscura, de la alquimia, la legeremancia y otras artes que no cualquier mortal podría dominar, viajó lejos, a otros reinos que desconocían la existencia de la isla del cielo, y allí, realizaba sus experimentos: secuestraba jóvenes de la calle, sin importar su apariencia, sexo o estatus social. A todos les atraían sus trucos y terminaban en su taller, entre tubos y frascos llenos de líquidos de colores y otros extraños artefactos, como cobayas para sus hechizos. 

Porque, lo único que quería conseguir, eran almas

Todo el mundo sabe lo que es un alma. Es nuestro ser interno, nuestro “yo” más profundo, nuestra esencia. Y, como buen nigromante, sabía cómo leer el aura de las personas para saber quiénes tenían el alma más puro y valioso. 

Y, ¿cómo se extrae un alma?, se preguntará nuestro osado lector, y ¿para qué sirven? Has de saber que si se devora el corazón hechizado de un joven, se obtiene su alma y con ella, su esperanza de vida, es decir, los años que este podría haber vivido. 

Y así continuó el nigromante durante siglos. Cambiaba de nombre y apariencia, y viajaba por todos los reinos acechando almas jóvenes, hasta que se topó con  algo inesperado. 

Se enamoró

Pero, no os confundáis, ávido lector, pues el amor que un hombre como este pudiera sentir en unas semanas no podría iluminar un corazón tan ennegrecido como el suyo. 

Se enamoró de una de sus víctimas, otra de tantas, que tampoco pudo resistirse a sus hipnóticos encantos. Pero, con algo especial. Diferente. 

No podía arrancarle el corazón. 

No mientras esos ojos siguieran mirándole. 

Y, aunque apartara la vista y la matara, su mirada le perseguiría de por vida, y eso, sería mucho tiempo. 

Así que decidió, con su malvado y egoísta corazón, que encerraría el alma de su amor en la esfera celeste que hace tanto tiempo robó, donde estaría a salvo de todo, incluso de la muerte, y acompañándole para siempre. 

Pero, por deseos del destino, el nigromante se consumió poco a poco en su oscuridad, incapaz ya de aislar tantas almas en sí mismo, porque, al fin y al cabo, no era el dios que se creía. Era un simple humano. 

***

Hoy en día, la esfera y la condenada alma que encierra, se encuentran perdidas en el tiempo, quién sabe si, de volver a ser descubierta, vuelva a sembrar el caos o el amor allí donde un corazón humano habite. 

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