La delicadeza de Gris

Para los apasionados de los videojuegos, muchos han sido los títulos que han robado gran parte de nuestro tiempo y, en casos especiales, parte de nuestro corazón. Hay juegos que consideramos grandes obras de arte, ya sea por su apartado gráfico y de diseño, el guion y la historia que esconde o simplemente, la sensación que nos hacen experimentar. 

Hoy quería hablar de este juego de aventura y plataformas que salió en diciembre de 2018, desarrollado por Nomada Studio y distribuido por Devolver Digital para Nintendo Switch, Microsoft Windows y MacOS: GRIS. 

Es sorprendente cómo, sin siquiera incluir texto o palabras dichas por los personajes, somos capaces de entender el viaje que hace la protagonista a través de su mundo. Un mundo que,  podríamos decir, la representa a ella, representa su interior. Cómo al principio se ha hecho pedazos, como esas estatuas de piedra que vamos encontrando a medida que avanzamos. Y cómo siente un miedo irrefrenable, una constante ansiedad que vemos reflejada en ese pájaro que nos impide avanzar con sus ráfagas de viento, o esas terribles anguilas. O incluso, nuestra propia sombra, que se quiebra en miles de mariposas negras e intenta ahogarnos en su propia oscuridad.

Los colores del mundo

El mundo en el que nos encontramos es un lugar frío y hostil, solo blanco y negro, con algunos matices grises. Hasta que llegamos al lugar en el que todos los caminos posibles convergen. Vamos eligiendo nuestra ruta, primero por un enorme desierto rojo y negro, con curiosos mecanismos, norias, ruinas y molinos de viento. Más tarde, damos paso a un bosque lleno de brillantes árboles verdes que cambian de forma y cubiertoss de una lluvia transparente. Nos adentramos en un mar de colores y gran diversidad de criaturas, hasta un mundo lleno de luz y color, donde recuperamos la voz que habíamos perdido al principio y podemos dar vida a flores y a increíbles animales mecánicos.

En cuanto a mecánicas, la simplicidad y el minimalismo, unido a su apartado artístico, son la clave. A medida que avanzamos, conseguimos nuevas habilidades que Gris puede poner en práctica con su vestido, ya sea convertirse en un bloque inamovible, volar o bucear. Toda esa atmósfera se consigue gracias a todas esas acuarelas que colorean cada rincón del mundo, muy ligadas a la psicología del color.

Podemos unir ciertos sentimientos y emociones a cada una de las secciones del juego solamente con el color que predomine en cada una de las escenas. El rojo es el primer color que descubrimos en el juego y también es uno de los colores que más rápido percibimos. Se asocia con la ira, la violencia y la falta de control. Es en estas primeras pantallas donde conseguimos el poder de convertirnos en bloque, que se podría considerar como el más agresivo. El verde del bosque, además de simbolizar la naturaleza y cierta paz y esperanza, también se puede vincular con la envidia. Por su parte, el azul nos transmite tristeza y melancolía, aunque también serenidad y calma. Una sensación similar que la que nos transmite la habilidad de vuelo, cuando vemos cómo Gris salta y planea con un movimiento muy fluido y lento en el aire. Finalmente, el amarillo, que se asocia con la alegría, el sol y la luz. Y en estos momentos del juego, prácticamente podemos ver todos los colores unidos en la misma pantalla, a diferencia del principio que solo predominaba uno.

Por supuesto, la increíble banda sonora que acompaña cada una de las escenas es única. Berlinist consigue transmitir esa fragilidad y esa belleza que envuelven al juego, a través de melodías que transmiten el sentimiento adecuado en el momento adecuado, ya sea tristeza, felicidad, curiosidad o miedo, dando forma a una experiencia sinestésica. O, por el contrario, hay momentos de silencio, en los que notamos la ausencia de la música y solo escuchamos el eco de nuestros pasos, el sonido de la lluvia al caer, nuestro impulso al nadar o el hielo al congelarse.

El trasfondo de este juego indie que se caracteriza por ese minimalismo, trata temas mucho más profundos. No es solo un «juego bonito». Entre sus líneas ocultas, podemos ver cómo tratan la ansiedad o la depresión: Gris se ha quedado destrozada y no es capaz de hablar,  su canto se ha apagado y sufre una lucha interna consigo misma. Vaga por un mundo cuyos elemento y paisajes nos abruman. El conjunto de los espacios abiertos hace que nos sintamos diminutos en comparación.

Este juego es un retrato de cómo somos por dentro y cómo vemos el mundo ante las adversidades. Cómo conseguimos avanzar en el camino, sorteando obstáculos, aceptando la ayuda de otros cuando se presenta y demostrando que somos capaces de enfrentarnos a nuestros demonios internos si somos capaces de recuperar esa luz y ese color que nos hace fuertes. 

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