Sonia Vera: «Escribo por necesidad cuando el mundo me desborda»

Sonia Vera
Sonia Vera

En primer lugar, desde CAMS Magazine queremos darte nuestra más sincera enhorabuena por la publicación de Catarsis, tu primer libro. Sin embargo, antes de hablar de tu obra, queremos conocer en profundidad a Sonia Vera. ¿En qué momento de tu vida te diste cuenta de que te apasionaba escribir?

No me apasionaba escribir, me aprisionaba vivir y el tiempo, y escribir me salvaba. Siempre he sido de callarme mis sentimientos, porque siempre que los expresaba acababan conmigo y con las personas a las que quería. Y eso dolía mucho.

Desde los diez años he soportado balas de personas por las que yo me ponía delante para salvarlos de las suyas y, al final, además de evitar su muerte me di cuenta de que delante de las mías no se ponía nadie porque disparaban ellos. Y ahí empecé a escribir.

Hasta los dieciocho años todo iba bien, porque tenía heridas como todo el mundo pero no eran tan importantes como para recordarlas de por vida. Ni escribirlas. Lo peor vino ese 2014, cuando cumplí mi mayoría de edad y me fui a estudiar a Sevilla siendo una niñata creyéndome invencible. Todavía recuerdo cómo me perdí el primer día al salir de clase de vuelta a casa, ni siquiera me quedé con la dirección de donde vivía y llegué a casa a las once de la noche mientras mi hermana Sara me llamaba al móvil que, como siempre, tenía sin batería. Jamás tuve miedo esos años, solo quería vivirlos. Y fui a por todas.

Si en algo estoy segura de que fui invencible fue en sentir. Sentía sin miedo, sin pensar en qué pasaría porque jamás pensé que algo tan puro y tan real acabase mal. Sentía los conciertos y las cervezas saltándome las clases de derecho penal. Sentía la habitación de aquel bajo del edificio La estrella como mi sitio preferido porque me levantaba contigo todas las mañanas. Sentía el Tea Coffe como previa a esas noches de fiesta en la discoteca Abril sin hora de recogida, pero con macarrones para desayunar. Sentía sin más que me iba a matar en aquella persona, pero sin miedo porque, como siempre me decía mi madre: eres una Kamikaze, Sonia. Sí mamá, no paré ni evité el dolor, pero lo peor es que volvería a acelerar.

Os juro que si algo viví esos años fue amor real, y por eso me aprisionan esos años, porque no lo he vuelto a vivir. Ni a sentir. Ahí nació Catarsis, para decir después de muchos años lo que nunca me atreví y para enfrentarme a mí misma. Y al tiempo.

Jamás tuve miedo esos años, solo quería vivirlos. Y fui a por todas

¿Cómo te considerabas cuando eras pequeña? ¿Qué aprendiste en tu adolescencia?

Era muy rebelde, pasota y solitaria, apenas escuchaba a nadie y siempre estaba con mi padre. Me entretenía con cualquier cosa y casi siempre me acompañaba mi discman. Me duele mucho esta pregunta, de hecho, he tenido que parar porque no puedo pensar en el pasado y no alcanzarlo, me parte en dos. De verdad que no sabéis la ansiedad que me da ese momento en el que me preguntan algo del pasado.

Me he recordado en el patio del colegio con ese uniforme tan odioso que tenía que llevar obligatoriamente y que cada mañana maldecía junto a mi madre, peleaba con ella para poder ponerme esa falda de mi armario que tanto me gustaba. Siempre que me obligaban a hacer lo que era “correcto” yo quería lo contrario, era muy revolucionaria. Lo sigo siendo.

Mis padres siempre se reían mientras me decían que nunca estaba conforme con nada y que me enfada por cosas que todos los niños de mi edad sí que hacían sin cuestionarlo todo. No he cambiado en eso de cuestionarlo todo, pero es que me jode mucho que me exijan algo o que me obliguen a hacer algo porque sea lo “correcto”. ¿Quién marca eso? ¿Qué es lo correcto? Yo no quiero hacerlo, siempre se lo decía a mi madre. De pequeña nunca me acostaba temprano y si me obligan me quedaba leyendo mis libros favoritos hasta que me pillaban despierta y me reñían. Siempre odiaba los que tenían finales felices, de hecho, mis favoritos no eran los típicos de Disney en los que el príncipe salva a la princesa, los que verdaderamente me quitaban el sueño eran aquellos en los que la mujer no necesitaba al hombre y se valía sola por sí misma, aunque luego se terminara enamorando.

Anastasia, La Espada Mágica, Mulán, La Dama y el Vagabundo, La Bella y la Bestia y Peter Pan, eran el top que no paraba de leer cada noche. Lo mejor es que sigo teniendo los libros y jamás los voy a tirar. Ya sabéis que guardo todo lo importante pasen los años que pasen. 

También recuerdo que odiaba que cogieran mis cosas personales, bueno, lo sigo odiando no voy a mentir. Lo odiaba tanto que, para evitar que alguien me cogiera algo muy mío, escondía tan bien las cosas que luego me olvidaba de dónde las había puesto y me podía tirar meses sin encontrar lo que deseaba. No puedo olvidar mencionar el genio que tenía y tengo, soy una persona muy impulsiva desde que nací y cuando algo no me gusta no puedo evitar poner miles de caras y soltar demonios por la boca. Y, por si queréis saber otro defecto más, desde pequeña odio los abrazos, odio los hospitales y odio que me den la mano personas que luego me la van a soltar. No soy cariñosa porque me da miedo mostrar el corazón y que se lo lleven, me ha pasado.

En mi adolescencia aprendí a ser independiente porque no me quedó otra cuando también me enseñaron qué era hacerme el vacío. Quizá algún día hable de cómo viví esta época, ni siquiera mi madre lo sabe porque siempre supe que le dolería escucharlo y jamás le haría daño si puedo evitarlo. Creo que es una de las cosas con las que me moriré dentro.

¿Qué o quién te impulsó a escribir? ¿Consideras que contaste con algún referente dentro del mundo literario?

Me inspiró la persona que quise y me impulsó la frase «deja de escribir, no le importa a nadie. Ni siquiera a mí» de la persona que nunca quise encontrarme en mi vida. Digamos que el amor propio ganó por una vez. Y el amor real, eso siempre.

Y, respecto a la segunda pregunta, referente en el que me inspire no tengo. Sí que leo poesía moderna, pero como referencia de mis escritos tengo mis experiencias y eso lo hace todo aún más real. Y doloroso.

Portada de Catarsis

Una vez comenzaste a escribir, ¿qué temas tratabas? ¿Te gustaba compartirlo o preferías guardártelo?

Siempre he escrito sobre amor, desamor y muerte. Jamás he hablado de mi familia ni de esos sentimientos escondidos que nunca dije y ahora ya es tarde. Tampoco de mi fobia al paso del tiempo ni de mis abuelos. Todo eso solo pude sacarlo con una persona porque supo ver quién soy y, sobre todo, quiso entrar en mí. Y lo consiguió.

Con Catarsis he sido valiente y han salido muchas letras a la luz que nunca antes la habían visto, de ahí la frase: pasa, ya no tengo miedo. De verdad que no.

Hace unos años me creé una página en Facebook y era ahí donde volcaba todos lo escritos, pero hay miles en mi casa que jamás han visto la luz y que me gustaría enseñároslos algún día. Así que puedo decir que, la mitad los compartía y la otra mitad, los que más dolían y los que más miedo me daba subir, siguen en casa.

Siempre haces grandes referencias a tu etapa universitaria, ¿qué impacto tuvo para ti y tu obra vivir esta experiencia lejos de casa?

Sin Sevilla, no hubiera existido Catarsis.

Sin mis amigas, no hubiera existido Catarsis.

Sin la frase prohibido huir sin mí, no hubiera existido Catarsis.

Sin mi hermana Sara haciendo de madre y refugio, no hubiera existido Catarsis.

Sin noches de locura en un golf blanco, no hubiera existido Catarsis.

Sin conciertos llenos de cerveza y risas, no hubiera existido Catarsis.

Sin Domenica a toda hostia en casa, no hubiera existido Catarsis.

Sin aquel bajo en Manuel Siurot y sin la calle Sierpes, no hubiera existido Catarsis.

Sin el Cristo de los Gitanos, no hubiera existido Catarsis.

Sin las hostias de realidad que me daba, no hubiera existido Catarsis.

Sin los mojitos en la Cacharrería, no hubiera existido Catarsis.

Sin las balas que soporté por ti y por mí, no hubiera existido Catarsis.

Sin mi madre venciendo su miedo al tren para venir a compartir dolor conmigo y soportar gran parte, no hubiera existido Catarsis.

Sin las ganas de que llegara septiembre, no hubiera existido Catarsis.

Y, si hubiéramos vuelto a buscarnos, no hubiera existido Catarsis, porque no nos hubiéramos separado nunca.

Hablamos en profundidad sobre Catarsis. De no haber sido por pasar cuatro años de tu vida en Sevilla, ¿crees que Catarsis hubiese visto la luz, hubieses escrito una obra totalmente distinta?

No sé responder a esta pregunta. No sé qué hubiera pasado, solo sé que en esa etapa me enamoré y que no he vuelto a saber qué es eso. No he vuelto a experimentar ese sentimiento tan loco y con tantas ganas por nadie, no he vuelto a querer a nadie.

Así que no sé si me hubiera enamorado alguna vez si hubiera tomado otro camino, solo sé que tampoco me importa porque volvería a coger ese. Sin pensarlo. Por tanto, no sé si hubiera escrito otra obra en algún momento de mi vida porque lo que me lanzó a escribir fue el amor que sentí. Y eso es muy difícil de encontrar, me estoy dando cuenta ahora. Aunque siempre supe que ese amor, nunca volvería a vivirlo.

¿En qué momento te das cuenta de que necesitas plasmarlo en un libro? ¿Cuándo sabes con certeza que deseas compartirlo con el mundo?

Desde que tenía diez años escribía cosas, lo típico que te compras un diario cada mes porque tu cabeza no para de bombardearte pensamientos a diario, pero es cierto que no fue hasta que empecé la universidad cuando sentí qué era el amor y cuánto necesitaba ese diario urgentemente. Y eso hice, me lo compré. Los tengo todos guardados y los leo mucho, no voy a mentir. Esos textos no han visto la luz en Catarsis, quizá algún día los enseñé.

Sinceramente, nunca pensé en publicar un libro. Por eso tuve tanto miedo cuando vi que ya no era un sueño, sino que iba a ser realidad. Tuve miedo porque ese libro no lo escribí con pensamiento de que estuviera en tu casa, siempre cuando sabes que alguien te va a ver por dentro intentas esconder tu lado más oscuro y protegerte del mundo, porque las personas suelen ir a matar. No es nada nuevo. Por eso tuve miedo, porque yo no escondí nada, ni siquiera a mí.

Y, finalmente, supe que tenía que publicarlo cuando llevaba tres años tragándome sentimientos que me hacían mucho daño y cuando me lanzaron una bala directa en una frase: deja de escribir, a nadie le interesa. Ni siquiera a mí. Ahí, justo ahí, me di cuenta de que necesitaba separarme de la persona con la que estaba y, con solo hacer eso, ya triunfé y el amor propio ganó. Jamás me arrepentiré de ello.

Nunca pensé en publicar un libro. Por eso tuve tanto miedo cuando vi que ya no era un sueño, sino que iba a ser realidad

Durante el proceso de creación de Catarsis, ¿hubo algún momento que supusiera un punto de inflexión en la obra?

Sí, un mensaje que nunca contesté. Y otro que envié y que llevaba guardado muchos años, lo tenía tan atragantado.

Fue una mezcla de haber terminado algo que necesitaba morir incluso antes de empezar junto con la valentía de querer decir lo que llevaba años sintiendo. Fue la hostia, me sentí tan liberada que no me verás otra vez con tus cadenas ni me vendarás los ojos. Ya no hay ciego, porque ahora me he dado cuenta de que siempre hubo (ci)ego. Y no era el mío.

Gracias por el daño, porque solo así me quité la venda de los ojos para curarme las heridas y me di cuenta de que eras tú el que me apuñalaba por la espalda. Ni siquiera ibas de frente.

Cuando empezaste a crearlo, ¿cómo imaginabas el resultado final?

Catarsis nunca va a acabar, lo tengo claro. Jamás cesarán estos sentimientos por la persona que hay escrita en el libro, porque son reales y a día de hoy sé que no he vuelto a sentir nada así de intenso. Así que, no puedo imaginarme un resultado final de Catarsis porque, tendría mil páginas más.

¿Qué consideras que aprendiste durante su realización?

Sin duda, amor propio; dejar algo que perdure siempre, aunque me muera; y decir el te quiero que siempre sentí y no me atreví a gritar.

¿Con qué palabra definirías ese proceso de creación? ¿Y con qué frase explicarías Catarsis?

El proceso de creación, sin duda, lleva por bandera la palabra explotación. Eso ha sido mi Catarsis, una explosión sin previo aviso en la que quería salvarme, pero, a mitad del libro, me dejé morir. Muchas veces pienso: las explosiones nunca llegan tarde porque no te las esperas y siempre te sorprenden, entonces, ¿he llegado a tiempo? Y nunca contestas.

Y, respecto a la segunda pregunta, la frase que explica Catarsis y que solo la entenderá esa persona es: te dije que íbamos a hacer historia, aquí la tienes

¿Alguien pudo ver la obra en su creación, o lo tomabas como algo personal?

Si hay una persona que nunca ha dudado de mí ha sido mi hermana Sara. Nunca me ha dejado, nunca. Ella no me levantaba del suelo, ella se sentaba conmigo hasta que salvábamos el mundo juntas. Ha sido la persona que ha vivido conmigo Catarsis en primer fila, además de leerlo antes de que estuviera en vuestras manos. Ella ha sido y es Sevilla también. Ella y yo siempre seremos las dos caras de la moneda, pero siempre sabremos ser la de la otra para salvarnos cuando más lo necesitamos. No nos verás morir.

Mi otra hermana, Nuria, se acostaba conmigo cada noche hasta que espantábamos todos los demonios y podíamos dormir en paz. Ella es eso, paz, la persona que cuando todo está ardiendo llega para salvarte del fuego y jugarse la vida. La sutura que necesitas para que cese el dolor, pero también la que está ahí cuando se te abre. Ella nunca te verá sangrar y no se manchará las manos.

Mi madre siempre intentaba leer cualquier cosa pero yo se lo tenía terminantemente prohibido, no quería que sufriera al verme en esas letras. Sé que le he hecho sufrir mucho en este tema porque lo ha vivido en primera persona, y no quería volver a tocar donde sé que sangra. Mi madre, desde siempre, ha sido amiga antes que madre y, sin duda, es la persona que más balas me ha sacado y curado. También la he visto ponerse delante de algunas que no se merecía, y eso me dolía el triple. Mi madre ha sido y siempre será mi salvavidas.

Mi padre, en cambio, siempre me ha dado mis tiempos, siempre ha sido más prudente y jamás me ha presionado para que le enseñe algo. Dejaba que saliera de mí, aunque eso no pasara. Es la persona que menos me preguntaba pero que me salvaba en un abrazo, siempre llega a tiempo. Y, justo ahí, me derrumbaba y él me dejaba ser ruinas. Dejaba siempre que sonaran todos los cristales rotos de mi ser, porque sabía que iba a recogerlos y a volver a reconstruirme yo sola sin necesidad de ayuda. Y así ha sido siempre, gracias papá por enseñarme a ser fuerte.

¿Qué tres sentimientos dirías que fueron los principales en ese proceso o camino?

Si por algo se llamó Catarsis mi libro fue porque ha sido una explosión de miles de sentimientos. Miles, os lo juro. Pero si tuviera a la fuerza que decir tres, serían sin duda: amor propio y demostrarme a mí misma que podía conseguirlo; cronofobia y poder ganarle al tiempo junto con la persona que siempre quise conquistarlo todo; y perdón, a mi familia por ser distante, a mi Cronos por llegar tarde y, sobre todo, a mí por tratarme mal la mayor parte de mi vida.

Tengo un problema con el tiempo,

y es el hecho de que pasa

A parte de emociones y vivencias personales, ¿en qué te inspiras para escribir?

En absolutamente nada, yo no escribo porque me inspire algo o porque adore plasmar mis pensamientos en un folio. Yo escribo para salvarme de mí misma, para poder sobrevivir cada noche a mi cabeza y demonios (de ahí que la mayor parte de mis textos los escriba por la noche, me es imposible dormir. Me ahoga el paso del tiempo y el sonido de las agujas del reloj que tengo al lado de la cama es mi peor enemigo), para enfrentarme al tiempo y para no morirme en vida antes de que llegue el día que de verdad lo haga. Digamos que, escribo por necesidad cuando el mundo me desborda. Así me salvo, o eso intento.

Escribo por necesidad cuando el mundo me desborda

En cuanto a tus redes sociales, hemos observado que presentas tu obra de una forma muy estética y que te gusta explicar el “detrás de las páginas” a tus seguidores. ¿Cómo se te ocurrió la idea de presentar así tu proyecto?

No fue una idea que tuviera premeditada y la llevara a cabo cuando tuve la oportunidad, fue una necesidad de explicar que, Catarsis, no va para una persona en concreto, sino que ese libro soy yo y que va para muchas. Y, sobre todo, quería dejar claro que en el amor que plasmo hay dos personas, la que me hizo quererme y me quiso por encima de todo; y la que me obligó a quererme yo misma porque me estaba matando cada día. Y, si algo quería que entendieran las personas que leyeran Catarsis, era que vieran y adoraran a la persona de la que me enamoré, porque la otra nunca importó. Eso quería que quedase claro.

¿Qué has aprendido de las redes sociales y qué errores crees que comete la sociedad en su uso?

He aprendido que todo es mentira, porque ni siquiera yo muestro todas las noches que paso sin dormir, en las que tengo unas ojeras hasta el suelo y en las que no paro de comer letras hasta las tantas de la madrugada.

He aprendido que da mucho asco porque podrían llamarse todas Tinder perfectamente. He aprendido que crea inseguridades y estereotipos de cuerpos, caras y estilos de vida “perfectos”, cuando todos tenemos días de mierda. Y meses. Y años.

He aprendido que no se valora el esfuerzo que supone estudiar una carrera o luchar por conseguir ese trabajo que siempre quisiste, porque luego lo que te dará dinero en la vida será vender o ser alguien que en verdad no eres.

He aprendido que es un medio de desconexión de personas, pero que sí conecta cuerpos y caras aparentemente bonitas.

He aprendido que somos más cobardes que nunca, porque es más fácil darle “me gusta” a fotos antiguas para dar a entender que alguien te interesa que proponerle tomar una cerveza. Y a mí me gusta más beber y reírme. Sobre todo reírme.

He aprendido que de los miles de mensajes que podemos recibir a lo largo de x tiempo, hay casi cero que les interese y quieran conocerte de verdad.

He aprendido que no me aportan nada más que fachada y que las odio, pero que las seguiré utilizando para dar mi opinión abiertamente sin miedo, como ahora, porque es el único medio que hoy día hace voz de mis pensamientos.

He aprendido a ser apoyo y a poner el hombro a aquellas personas que me necesitan. Y siempre he tenido el suyo de vuelta. Siempre.

He aprendido a gritarle a la gente que soy una persona como ellos, muchas veces me han dicho: pensaba que no contestarías a mi mensaje. ¿Por qué? ¿Por qué un puto número de mierda en seguidores y likes hace que la gente se crea superior a otras personas? ¿Por qué hemos creado esa idea de mierda? ¿Por qué se considera que mi tiempo en hablarle a alguien que tiene millones de seguidores ya sea menos valioso que el suyo por yo tener mil? ¿Por qué no iba a contestar a un mensaje de una persona que me está regalando su tiempo en decirme algo? Jamás dejaré un mensaje sin contestar porque sé lo que vale el tiempo y sé lo que es perderlo. Sobre todo perderlo.

Y respecto a los errores que comete la sociedad en su uso, considero que es el hecho de que las redes sociales sigan existiendo, porque por mí podrían borrarlas ahora mismo.

¿Cómo has recibido las primeras opiniones de tu libro? ¿Qué ha supuesto para ti la publicación de tu primer libro?

Las primeras opiniones han sido sutura, lo juro. Me han dado vida, jamás borraré los mensajes que he recibido. De hecho, los he ido guardando todos en un Word hasta que los he impreso y pegado en mi diario de 2021. Ya están conmigo para siempre.

Si hay una opinión que me ha impactado, esa ha sido la de mi madre y la de otra persona que también quiero mucho. Fueron dos días diferentes, pero os aseguro que los recordaré cada día porque me dijeron lo mismo: valiente.

Para mí, la publicación de Catarsis ha supuesto un antes y un después en mi vida. Ha sido un punto de inflexión en el que ha vencido el quiero al debo. Nunca antes me había pasado.

Siempre debía actuar de la manera más adecuada y coherente, hasta que con Catarsis he hecho lo más loco y arriesgado que jamás imaginé: abrirme en canal sin importarme quién vendrá a matarme, porque ya sé sobrevivir. Quería hacerlo y lo necesitaba, pero, sobre todo, quería gritarle al mundo lo que seguía sintiendo pasados los años. Me parece valiente, y lo he sido.

Las primeras opiniones han sido sutura

¿Cuál era tu objetivo al escribir Catarsis? ¿Qué pensabas que querías transmitir a tus lectores?

No tenía ninguno porque no lo escribí con pensamiento de publicarlo, como he dicho anteriormente. Cuando escribía el único pensamiento que tenía en mente era liberarme. Es cierto que, cuando me llamó la editorial y me dijeron que querían publicarlo, me paralicé. No he tenido más miedo en mi vida, en mi vida.

Y ahí supe mi primer objetivo: llamar y romper el silencio de tantos años. Después vino el segundo: enfrentarme a mis sentimientos y soltarlos, aunque eso conllevara que me rompieran.

Y ahora estoy con el tercero: disfrutar con vosotros de Catarsis y estar orgullosa de que he logrado lo que siempre quise. Y bueno, a mis lectores, lo que quería transmitirle es que siempre vamos a soportar balas, pero solo debemos morir por aquellas personas que no nos las disparan. Sé que tenemos muchas dentro, pero también sé que hay personas que curan y que no tienen que cargar con las balas que te dispararon otras personas, porque ellas jamás cargarían el arma. Sabes de quién te hablo.

¿Consideras la idea de seguir publicando?

Mi cabeza no para de cambiar de opinión al respecto. Si tuviera que responderte hoy te diría que, a mí solo me sacó a bailar con mis demonios y me salvó de ellos una persona, y que, si algún día vuelvo a publicar otro libro, me gustaría que fuera el final feliz de esta historia y cada noche con él a mi lado.

¿Estás trabajando en algún proyecto personal en este momento?

Sigo trabajando en mí, creo que no hay nada más personal que saber que te necesitas. Y ahora mismo me necesito mucho.

¿Con qué canción definirías Catarsis? ¿Con cuál definirías tu vida en Sevilla y con cuál en este momento?

Si algo me define es la música, concretamente el rap, me paso todo el día escuchando temas sin parar. No exagero, quien me conoce lo sabe. Siempre al 100% y siempre odiaré que me hables cuando tengo los cascos, mi cara te lo dirá.

Creo que cualquier persona que haya leído Catarsis sabe que mi libro lo define el disco de Domenica, porque Catarsis sangra ese disco desde Sabato hasta Lunedi.

La portada del disco me angustia, porque es lo que nunca hubiera querido que nos pasara: llegar a viejos sin vivirnos toda la vida; y la contraportada me da vida, porque es lo que siempre quise ser contigo: jóvenes eternamente. Y Catarsis son esos dos sentimientos explotando sin cesar, por eso sangra, porque cuando te miro en el pasado vivo, pero cuando te veo en el futuro no estás. Y eso me ahoga.

Mi etapa en Sevilla siempre la definirá ese disco en un garito de mierda bebiendo cerveza y gritando cada canción como si mañana nos fuésemos a morir. Ahí empecé a sentir cada una como si fuese mía y también supe qué era el amor, porque lo tenía por detrás abrazándome y mirándome orgulloso de tenerme. Y yo a él.

Y en este momento, no te voy a mentir, no me encuentro. Estoy sintiendo algo muy difícil de explicar y cada día es diferente al anterior, no podría decirte qué es porque ya me gustaría saberlo a mí. Escucho muchas canciones pero ninguna define el presente que estoy viviendo. Creo que quizá sea porque no me encuentro en él o porque no estoy viviendo el que quisiera. O sí, no sé.

Ojalá algún día llegue a tiempo al tiempo, porque siempre voy a contrarreloj. Mañana de estas veintiuna preguntas, pensaré algo diferente de cada una de ellas, pero jamás sentiré otra cosa. Por eso sé que Catarsis puede ser difícil de entender, pero jamás de sentir.

Catarsis sangra Domenica desde Sabato hasta Lunedi

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