La ley innata, dulzura y caos

Extremoduro es el grupo de mi vida, de mi tierra. Cada acorde me recuerda a los viajes en coche con mis padres, a cada vez que sonaban en casa cualquier domingo. He crecido con su música, cantándola desde mi más tierna infancia hasta las fiestas con mis amigos y, ahora que vivo en Madrid, tengo sus frases más presentes que nunca.

La ley innata llegó por sorpresa tras seis años desde el lanzamiento de Yo, minoría absoluta, y se convirtió en objeto de juicio, pues nadie esperaba un álbum con un estilo tan sofisticado, milimétrico, tan lejos de la realidad de lo que siempre había mostrado Extremoduro, un rock tan agresivo como abrumador.

Este cambio supuso una guerra entre sus oyentes. Para muchos, se trataba de una obra de arte sin precedentes, para otros, el peor trabajo de Extremoduro. Yo siempre me he decantado por la primera opción. La ley innata es un álbum que si bien está alejado del estilo de Extremoduro, representa su esencia a través de una historia dividida en seis partes que forman una única canción de cuarenta y cinco minutos. Como conmemoración a mi álbum favorito del grupo, os traigo un análisis de esta magistral obra.

Existe, de hecho, jueces, una ley no escrita, sino innata, la cual no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la misma naturaleza la hemos agarrado, exprimido, apurado. Ley para la que no hemos sido educados, sino hechos; y en la que no hemos sido instruidos, sino empapados.

Dulce introducción al caos

Nunca un riff había sido tan dulce en Extremoduro, tan delicado y tan lleno de intenciones. Robe comienza a introducirnos la historia, la de un amor en el que todo fluye en consonancia, paz, en una «canción donde nunca pasa nada» porque el sentimiento es mucho más fuerte que cualquier racha de viento. A medida que avanza la canción, descubrimos que no es una historia de amor, sino de desamor, pues los problemas llegaron en forma de vendaval y el amor no sobrevivió.

Cómo quieres que escriba una canción,

si a tu lado no hay reivindicación,

la canción de que el tiempo no pasara,

donde nunca pasa nada

Es una pieza donde la poesía de Robe aparece en su máximo esplendor y la instrumental te abraza en cada arpegio de la guitarra o nota del violín. Se une lo clásico, lo trascendental, la magnitud, la simplicidad y lo estético. A partir del minuto 4:00 distinguimos uno de los cortes más impactantes de la canción, y es que la guitarra nos regala unos segundos de puro neoclasicismo con una adaptación de la Cantata nº147 de Bach. La ley innata es eso, la convergencia entre la música más clásica, fina, de orquesta, y un rock caótico.

Tras el momento de la máxima expresión de la corriente neoclásica, vuelve a cambiar el ritmo de la canción a partir de una transición que corresponde con unas líneas ya escuchadas anteriormente, y nos presentan el caos, el tornado que ha entrado en la cabeza de Robe tras su desamor. Escuchamos caos durante dos minutos, con frases de la canción que se repetirán en bucle, como una representación de los pensamientos que no cesan. Finalmente, parece que cesan a través de un fundido y un punteo de guitarra que conecta a la perfección con la próxima parte, Primer movimiento: El sueño.

Primer movimiento: El sueño

En esta parte de La ley innata, el ritmo que consigue Extremoduro es totalmente distinto a la pieza anterior, sin embargo, enlaza a la perfección creando una continuidad en la obra. Tras un crescendo de intensidad y ritmo, un punteo de guitarra nos introduce unas frases que servirán como punto de encuentro durante el álbum.

Buscando en mi destino, viviendo en diferido, sin ser, ni oír, ni dar

Robe muestra sus peores pensamientos, pues llega un punto donde no distingue realidad de sueño, y podemos escuchar las distintas etapas del caos en su cabeza a través de los giros que se producen durante la pieza. El viaje de Robe alcanza la psicodelia, y así se manifiesta en la canción a través de partes que bien nos recuerdan a la mítica banda Pink Floyd.

La disociación que se ha producido en su mente nos deja entrever su agonía, y caída, hasta que vuelve a entonar las frases que anteriormente hemos destacado por su importancia, como un salto hacia otra etapa de su sueño, más liberadora, menos caótica, como un respiro. Sin embargo, se produce otro giro en el que la guitarra toma importancia y nos lleva tan rápido a otro estado mental que nos impulsa a seguir confundiendo la realidad con los sueños.

Segundo movimiento: Lo de fuera

Llegamos a la pieza más importante de La ley innata, Segundo movimiento: lo de fuera, donde Robe dará voz a la sensación que desarrolla ante el mundo que lo rodea. Salimos del sueño acompañados de una flauta, un violín y una guitarra que, poco a poco, en un crescendo que dura toda la canción, nos llevará a la locura.

Salir al mundo exterior se convierte en una aventura que Robe narrará con distintos matices. La primera parte de la canción se nos presenta con una voz calmada, pero con un punteo de guitarra que nos anticipa la velocidad que cogeremos durante la pieza. Tan solo unas notas después, ya rozamos la locura, moviéndonos en un mundo del que necesitamos escapar, pero que cada día nos agobia más, nos sentimos presos, y la canción nos lleva al límite.

La misma complejidad de la obra nos deja descansar, y Robe entona frases de esperanza llenas de un romanticismo que nos tranquiliza, pues parece que su mente consigue descansar. Sin embargo, es solo una fase que dura muy poco tiempo, pues la música nos vuelve a conducir en su crescendo a un estado desolador.

Vente a la sombra, vente, amor, que yo te espero
Que tengo ya el cerezo en flor dentro del cuerpo

Su mente lo lleva a la soledad, a la desesperación que le produce la marcha de su amada y, tras la locura sufrida, nos quedamos a solas con su voz y una guitarra escuchando todo aquello que lo desgarra. La voz de Robe tiene otro matiz, esta vez íntimo, como si nos estuviese confesando un secreto, y la flauta nos lleva a otro estado en el que aparece la guitarra para, con un ritardando y un crescendo en intensidad, impulsarnos a las frases que conectan la obra en su plenitud.

La intensidad crece y, durante todos esos minutos, Robe se da cuenta de lo que ha pasado en el mundo y cómo le ha afectado, todo se ha quemado y no hay manera de que vuelva a arder. Aparecen las trompetas en la canción para infundir cierto dinamismo y tranquilidad, pero cuando salen de escena, un espectacular solo de guitarra nos lleva a un momento crítico en la mente de Robe. Vuelven los gritos a sí mismo, la interna discusión que parece no cesar jamás, y los instrumentos enlazan, en un momento de máxima intensidad, con la siguiente pista.

Tercer movimiento: lo de dentro

Llegamos al punto más agresivo de la obra, Tercer movimiento: Lo de dentro, donde Robe declara la guerra entre su mente y el mundo que lo rodea, ese que ya nos presentó en la pieza anterior. Extremoduro nos muestra la canción más fuerte del álbum, más unida al resto de su discografía.

Sus gritos hacen que la canción tenga un tono violento, como lo es su mente en el momento en el que canta. Los instrumentos nos siguen conduciendo a la locura, y el ritmo de la batería hace que nuestros pensamientos nos golpeen tanto como cada palabra que arroja Robe.

¿Qué voy a hacer, si vivo a cada hora

esclavo de la intensidad?

Vivo de la necesidad

A medida que avanza la canción, entre gritos y secretos a voces, la mente de Robe parece conseguir la paz, pues parece que ya ha soltado todo lo que sentía. La rabia no tiene la magnitud de antes, esta canción ha servido como desahogo, como punto de inflexión en la historia que se nos ha presentado. Tras siete minutos de locura, los instrumentos hacen un decrescendo con el fin de bajar la intensidad a la que nos han tenido acostumbrados desde Segundo movimiento: lo de fuera, anunciándonos el final del viaje e introduciendo Cuarto movimiento: la realidad.

Cuarto movimiento: La realidad

Los primeros segundos de la pieza ya nos dejan atónitos, parece imposible que, tras la agresividad del movimiento anterior y una transición tan rápida, el tono cambie por completo. Cuarto movimiento: la realidad son seis minutos de armonía, clasicismo, intimidad, de arte.

Tras un viaje por los estados emocionales de una ruptura, nuestro cuerpo vuelve a la realidad, que ya parece suave, tranquila. Lo emocional supera a lo físico, y para llevarnos a ese estado idílico, se incorporan los instrumentos clásicos que tanta armonía y belleza nos transmiten.

Sin ser,
me vuelvo duro como una roca,
si no puedo acercarme, ni oír,
los versos que me dicta esa boca

Resurgimos a la vida aceptando nuestros sentimientos, y la canción nos lleva al punto común en todas las canciones. Buscando en mi destino, viviendo en diferido. La mente ha vuelto del sueño, al menos, es lo que nos hacen pensar hasta el minuto 3:20, cuando la pieza cambia por completo de tono para volver a un punto que pensábamos haber superado, el sueño.

Coda flamenca (otra realidad)

La ley innata llega a su final con Coda flamenca (otra realidad), canción en la que, tras pasar por rock progresivo, elementos de la música clásica y el rock agresivo más reconocido en Extremoduro, escucharemos una bulería a modo de desenlace de la historia que ha quedado incompleta en los movimientos.

Y el fuego del infierno ya es solo humo,

ahora el fuego ya es solo humo,

después de arder, el fuego ya es solo humo,

el infierno ya es solo humo

Con una magnífica inclusión de coros, Robe nos cuenta que su mente y su corazón están completamente recuperados a pesar del tono dramático de la canción, motivo que nos deja ver que algo cambiará durante el desarrollo de la pieza. En el minuto 3:51, con el comienzo de las palmas, se produce la ruptura de la canción y de la realidad que parecía haber alcanzado. Siente que ha fingido todo, pues es imposible olvidarse de ella, y nos introduce frases de Dulce introducción al caos para demostrarlo. No puede olvidar la historia, es imposible dejar de amar.

Deja un comentario