El origen del yoga, la conexión con el universo

Nuestras vidas, con el paso de los años y la evolución de la sociedad, cada vez resultan más intensas, precipitadas y frenéticas. Hemos convertido en tabú el tener tiempo para nosotros mismos y nuestro bienestar, tanto físico como emocional. En la era donde parece que debemos tener presencia en todo momento, en la que debemos estar conectados las veinticuatro horas del día, nos olvidamos de conectar con nuestro interior.

Para muchos, el yoga es una vía de escape de la realidad en la que vivimos, esa que con el paso del tiempo se asemeja con más frecuencia y exactitud a un capítulo de Black Mirror. La práctica del yoga es realizada por millones de personas en el mundo con el objetivo de reducir sus niveles de ansiedad y estrés a través de las asanas (posturas) y la meditación. Cuando una persona comienza a hacer yoga, los pensamientos más comunes son «esto es una tontería» o «no resulta efectivo», pero como en todos los deportes, para ver resultados, se necesita constancia. El yoga no requiere el mismo sacrificio que otras prácticas, pues es más liviano, por lo que resulta más fácil conseguir la motivación para lograr el equilibrio entre mente y cuerpo que tanto necesitamos.

El camino al equilibrio

El primer paso para conocer algo es indagar en su significado etimológico. La palabra yoga proviene del sánscrito, la lengua clásica de la India, y tiene como significado «conectar, unir, relacionar». Así, entendemos que la práctica del yoga no es solo física, sino que va mucho más allá. El yoga es un nexo, un camino entre el yo individual (atman) y el yo universal (brahmán).

Para los más curiosos, los que siempre nos preguntamos acerca del origen de todo lo que existe a nuestro alrededor, el origen del yoga es interesante cuanto menos. A día de hoy, los historiadores no pueden ofrecer una información exacta sobre el origen de esta ancestral práctica, pues la complejidad de la investigación es asombrosa. De hecho, en sus orígenes, el conocimiento de la práctica se transmitía de forma oral hasta que las enseñanzas se empezaron a plasmar en escritos durante la era clásica de la literatura sánscrita en el periodo védico, comprendido entre el año 1500 a.C y 500 a.C.

Durante el periodo brahmánico, religión de transición entre el vedismo y el hinduismo, los brahmanes, la casta dominante y creyente, practicaban yoga. Su práctica se basaba en ejercicios complejos, duros y muy regulares con el objetivo de conseguir la perfección individual para apropiarse del poder de los dioses a través de la pureza del cuerpo y espíritu.

Con el paso del tiempo y la extensión geográfica de la práctica, los ejercicios evolucionaron hasta ser más suaves y, por supuesto, desvinculándose de la apropiación de los poderes de los dioses. Fue entre los siglos V y II a.C cuando apareció el libro más importante en la historia del yoga, el Yoga Sūtra. Patanjali, pensador de la época, reunió un total de 196 sūtras o frases cortas divididas en cuatro capítulos (concentración, práctica, poderes y liberación) con el objetivo de enseñar cómo se debe practicar el yoga para llegar a un estado de liberación y equilibrio entre cuerpo y mente. A partir de sus escritos, las distintas formas del yoga han evolucionado hasta convertirse en las prácticas que ahora conocemos y practicamos.

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