Abismo

Estoy al borde del abismo.

Nada me asusta, ni si quiera el vértigo que siento al ver el precipicio, la inmensidad. A lo largo de nuestras vidas, hemos creído que debíamos correr en sentido contrario, que nunca debíamos acercarnos al abismo. Ahora, he comprendido que en ocasiones, es necesario caer para volver a ver la luz.

El abismo es un lugar de reflexión, una frontera que nosotros mismos nos encargamos de desdibujar. Sentada al borde del precipicio, pienso en qué me ha hecho llegar hasta ahí. Parece que, hasta que no alcanzamos el límite de nuestras fuerzas, no comenzamos a ser conscientes, a pensar en todo aquello que nos empuja, pero también lo que nos abraza. El silencio alrededor es ensordecedor, el de un mundo en el que por fin todo se para. Todo menos nuestras voces interiores, que gritan más fuerte que nunca, pidiéndonos libertad, pidiéndonos que saltemos.

Estoy al borde del abismo, pero, ¿qué pasaría si saltase?

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