Un pensamiento detrás de otro… La Libertad

El otro día pensaba en cuánto habían cambiado nuestras vidas con la pandemia. Hemos visto nuestra libertad amenazada por un virus que, por lo menos a mi, me ha hecho cambiar en varios aspectos. Muchos detalles que dábamos por sentado se han visto totalmente cancelados como el simple hecho de ir a dar un paseo nocturno o salir con un gran grupo de amigos a cualquier lugar.

Estos pensamientos distraídos me hicieron llegar a la conclusión de que hemos cambiado nuestro concepto de libertad. Así que decidí preguntar a los seguidores de mi modesto Instagram que qué significaba esa palabra para ellos. Me encontré con respuestas muy sorprendentes y a la vez preocupantes que me dieron que pensar.

Están los placeres simples, los que hacemos en nuestro día a día por comodidad. La que más gracia me hizo fue la de ir al servicio con la puerta abierta, supongo que no a todo el mundo le hace gracia, pero es verdad que mucha gente se sentirá identificado con esto. Ir desnudo por casa, en mi caso con una camiseta enrome, fue la idea que más concretaba el sentido de libertad como comodidad. Sin embargo, la respuesta que más me definía fue la percepción de una librería como libertad. Con los libros te evades del mundo real y puedes vivir 1000 vidas diferentes. Un lujo que me encanta tener, por esa sensación de liberación, y me da pena que no todo el mundo lo disfrute de la misma manera que esta persona y yo.

Un viaje a Oporto muy necesario y liberador

Hubo una reiteración de uno de las respuestas sobre la percepción de la libertad. Éste me sorprendió mucho y a la vez me abrió los ojos. He visto que ha sido, es y, me temo, que será un problema en nuestra sociedad. Esta idea se trata de una utopía en la que pudiéramos hacer lo que quisiéramos sin importarnos el juicio de los demás. Hoy en día, y gran culpa de esto es de las redes sociales, vivimos en un mundo en el que todo lo que hacemos depende de lo que piensan los demás sobre nosotros. A lo largo de mis 20 años de vida he aprendido que tenemos que hacer las cosas porque nos apetece o nos hace felices y tenemos que intentar hacerlo sin pensar en el qué dirán. Si estás cómodo y a gusto con lo que haces y cómo lo haces, el resto del mundo debería importar entre poco y menos.

Puedo entender que nos importe lo que nuestros seres queridos piensen sobre nosotros y lo que hacemos, pero al final se trata de tu propia felicidad y libertad. Nosotros vivimos en una distopía con una sociedad manipuladora y demasiado exigente, por lo que las críticas lloverán tanto si lo haces como si no lo haces. Creo que con fuerza de voluntad y ganas podemos conseguir tener lo que deseamos, hay veces que nos podemos caer, otras nos empujarán, pero lo importante es no perder la ilusión y que nadie te quite esas ganas y libertad de hacer lo que quieres y te gusta. El criterio propio y conseguir que la felicidad dependa de uno mismo son claves para conseguir esa sensación de paz.

El apaciguador sonido de las olas

La respuesta más bohemia fue la del mar. He de decir que a mi el océano me da respeto, pero aun así me encanta verlo como sinónimo de libertad. El mar me hace muy feliz, cuando estoy en la playa el 70% del tiempo me lo paso dentro del agua, ya sea nadando, «haciendo surf» o simplemente dejando mi culo en remojo. El mar no es infinito, pero sí lo parece cuando miramos el horizonte y, al igual que con los libros, esa inmensidad nos da paz. Una noche caminando en la playa, ese recuerdo con tu familia jugando entre las olas, una escapada en barco, una tarde haciendo surf… Todo nos da esa oleada de calor y olor a verano y tranquilidad, olvidarse del estrés de la rutina y relajarse al son de la música que nos brinda el océano.

Deja un comentario