El Príncipe de Egipto, una joya olvidada del cine de animación

Todos conocemos esta película, ya sea por su increíble banda sonora (escrita por Hans Zimmer y Stephen Schwartz), su estilo de animación, el buen trabajo de los actores de la versión original o de los actores de doblaje, o por su temática… Podríamos pensar que al adaptar un relato bíblico, el tema que trata es meramente religioso, pero no podríamos estar más equivocados. Esta película no trata únicamente de Dios y la religión, sino que relata la historia de dos hermanos enfrentados por sus orígenes y la lucha por lo que ellos creen verdadero. 

Libéranos

El inicio del filme es brusco, nada más se introduce el título con una música de nana, lo interrumpe el canto de los esclavos, al ritmo de los picos y los látigos. Todos parecen empequeñecidos al lado de los enormes monumentos que están construyendo en honor al faraón y a sus dioses. Pero la voz de una mujer nos lleva hasta Yokebed y sus hijos. Ella está intentando salvar a su bebé dejándolo en el río, con la esperanza de que algún día, sea quien les libere, un elegido

Para los hebreos, la libertad es sinónimo de Dios. Y, al estar despojados de ella, sienten que Dios les ha abandonado. Pero no pierden la esperanza, porque sueñan con esa Tierra Prometida a la que algún día llegarán.

La figura del vigilante egipcio en esta escena se asemeja en postura y perfil al de las estatuas que los esclavos están construyendo, transmitiendo al igual que estas, esa sensación de imponencia que hace que le temamos.

Hermanos, reencuentros y verdades

Moisés ha crecido junto a Ramsés como príncipe de Egipto, como noble que debe dar ejemplo y seguir una serie de tradiciones familiares, aunque a veces se metan en líos como en esa divertida carrera de carros. El vínculo que ambos tienen se refleja materialmente en el anillo que Ramsés regala a Moisés, justo después de nombrarle arquitecto real. Tradicionalmente, el simbolismo que rodea a los anillos se refiere precisamente a algo circular, unido hasta el infinito. 

Sin embargo, desde el momento en el que Moisés descubre la verdad acerca de su origen, siente un desdoblamiento interno: toda su vida parece haber sido una mentira. Se ve reflejado en los demás esclavos hebreos, él podría ser uno de ellos. Pero, por otro lado, el amor de su familia, especialmente de su madre, que lo salvó, y de su hermano, es real. 

El encuentro de Moisés con sus hermanos biológicos, Miriam y Aarón, y las súplicas de la primera porque vuelva con los suyos y les salve, hacen que Moisés huya. Él es un príncipe, y, de repente, ¿le están suplicando que libere a un pueblo que él toda su vida ha considerado inferior porque así se lo enseñaron? En el modelo clásico del viaje del héroe se podría entender este  momento como el rechazo de la llamada por parte del héroe. 

Su vagar por el desierto es tortuoso y está muy bien representado. Vemos cómo pasa de zonas llenas de arena, a zonas en las que el terreno está lleno de rocas que destrozan sus sandalias o piedras y llanuras secas. 

Con una mirada celestial

Es a partir de ese encuentro en el desierto con la tribu de nómadas cuando la vida de Moisés cambia radicalmente. Él se sentía miserable por todo lo que había hecho, es cuando aprende a ver la vida “con una mirada celestial”, como le dice Jetró, ver a través de los ojos de dios no es otra cosa que ver más allá del aquí y del ahora, planificar un buen futuro.

Si quieres saber si es de algún valor 
tu vida y su ser, 
con tus ojos de hombre no los verás; 
siempre debes mirar 
con la mirada celestial. 

Y es justo cuando ya tiene una vida: es pastor, se ha enamorado y se ha casado, que Dios le habla para que vaya a salvar a su pueblo, para que cumpla su destino. La música ambiente que suena mientras la zarza arde parece etérea, formada por miles de voces, transportándonos a un plano más allá de lo terrenal

Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en el que estás es tierra sagrada. 

La ira de un rey y la ira de un dios

De vuelta a Egipto, vemos cómo Ramsés se ha convertido en un faraón que no cederá ante la petición de Moisés. Aquí se produce un enfrentamiento entre Moisés y los sacerdotes, los cuales podríamos decir, son los antagonistas de Jetró, sacerdotes de sus respectivos dioses pero, a diferencia de Jetró, cuya visión de la divinidad es algo más etérea, relacionada con lo humano y lo espiritual, la visión de los sacerdotes con respecto a la divinidad radica en cosas más tangibles y milagros inmediatos. 

Llegamos al clímax de la película con la increíble caída de Las Plagas. Un espectáculo audiovisual capaz de ponernos los pelos de punta con cada golpe de la percusión, cada una de las voces replicando los mandatos de Dios, como si fueran las voces de ángeles vengativos, y las voces de los hermanos, que se lamentan porque ¿dónde quedó ese vínculo que les unía? 

Ramsés está cegado por la necesidad de imponerse a su padre y cumplir las altas expectativas que este tenía en él. Los monumentos que ha erigido el nuevo faraón son más imponentes que los que construyó su padre. Y aunque confiesa que le gustaría no pelear con Moisés y volver a los viejos tiempos en los que eran hermanos, el peso de su corona le puede y el hecho de que Moisés le devuelva el anillo supone que deja de ver a Moisés como su hermano y le ve como un enemigo.

No pienso ser el eslabón débil. Yo soy la estrella de la mañana y de la noche, ¡yo soy faraón!

Vemos los dos lados enfrentados: Ramsés queda en azul, un color triste y melancólico, mientras que Moisés queda en rojo, un color violento y fuerte. Es ahí donde la música llega a su apogeo y ambas voces suenan a la vez, con una armonía increíble, una pidiendo la libertad de su pueblo, la otra, negándose completamente. El eje queda dividido en ambos bandos, con sus rostros fusionados, hasta que vemos a Ramsés dar media vuelta frente a Moisés, que resiste en su empeño de conseguir la libertad para los suyos.

Siempre fui tu hermano
El placer de hacerte sonreír
Fue todo lo que quise
Era mi hogar
El dolor de esta tragedia
Me tortura sin cesar
Inocentes que ahora sufren
Por tu orgullo y terquedad

La última de las plagas, la llegada del ángel de la muerte, es la más dura de todas. Tras la muerte de su hijo, Ramsés está devastado y cede ante la petición de Moisés. La sala en la que se encuentra está llena de claroscuros, la bondad al haber dejado libre a los hebreos y la maldad que le ciega al llamar su ejército para ir tras ellos.

La música acompaña a cada momento, con efectos algo más livianos, como de cueva, cuando pasan a través del mar dividido, a momentos más dramáticos cuando los carros de guerra egipcios se acercan a las caravanas. Cuando Ramsés es devuelto por la corriente, un fino hilo de luz le ilumina. Su ambición obstinada por ser el más poderoso, el más fuerte, le ha llevado a quedarse solo, a perderlo todo.

Habrá milagros hoy, si tienes fe

El epílogo nos muestra la felicidad de los hebreos al ser libres, por fin Dios ha escuchado sus súplicas y cantan por este milagro. Solo si tienes fe, si crees en algo y luchas por ello, los milagros se cumplen. Vemos a Moisés bajar del monte con las tablas de los mandamientos, mirando desde la colina a su pueblo. Él no es un rey, pero sí ha sido un líder en ese viaje, el Príncipe de Egipto

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