El exquisito legado poético de Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez Mantecón, poeta español y premio Nobel de Literatura en 1956, supone uno de los mayores referentes de la poesía novecentista, un referente en cuanto a la búsqueda de la verdad y un amante de la belleza la cual, para él, suponía la exactitud.

El poeta Juan Ramón Jiménez vivía su universo y su realidad en soledad, aislado en parte del mundo social que le rodeaba y con el cual no se sentía demasiado vinculado. Se le considera el «prototipo del poeta consagrado por entero a su obra», debido a que la creación de todas sus sublimes letras se llevó a cabo de manera casi obsesiva y cerrada. Buscaba hallar en sus textos la perfección y la belleza, por lo que su obra no es más que una selección creciente de poemas en constante revisión y reflexión. Un hombre que vivió por y para su poesía.

Esa incansable pretensión de conseguir mostrar una poesía nuda y palpitante solo era característica de un artista excepcional como él lo fue, con una enorme y brillante sensibilidad para plasmar rumores tenues, vibraciones y sensaciones profundas del ser. A su vez, dotaba de una expresividad admirable a la finura y precisión de sus sentimientos, y para él existían tres impulsos al crear: la sed de belleza, el anhelo de la eternidad y el ansia de conocimiento.

Toda su poesía nace y llega a su clímax alrededor del yo del poeta, al que Juan Ramón identifica con un creador que da sentido a la existencia. Para él, poesía significa «contemplación —que logra alcanzar el conocimiento del yo y de la realidad que está junto a él—» y «creación —que consigue que el poeta se realice a sí mismo como hombre y como escritor«.

No dividí mi vida en días, sino mis días en vidas; cada día, cada hora, toda una vida

Juan Ramón Jiménez

El poeta español presenta una permanente inquietud que lo hace estar en una continua y peculiar evolución en la que se distinguen distintas etapas que marcan su trayectoria poética. La primera de ellas supone su época sensitiva, que comienza desde sus inicios. Utiliza un tono sentimental que casi recuerda a la poesía de Bécquer, como un modernismo intimista movido por la necesidad de mostrar aquello que se encuentra escondido tras la superficie de las cosas, con una alternancia entre la introspección y, a la vez, la mirada hacia fuera de su propio ser. Uno de sus poemas más conocidos de esta etapa es el siguiente, el cual supone una oda a la inspiración, al amor y a las visiones de este. Tú y Sevilla.

A Sevilla le echo los requiebros
que te echo a ti. Se ríen,
mirándola, estos ojos que se ríen
cuando te miran.

Me parece
que, como tú, llena ella el mundo,
tan pequeño y tan mágico con ella, digo,
contigo, ¡tan inmenso,
tan vacío sin ti, digo, sin ella!

JRJ

La segunda de sus etapas es la llamada época intelectual, la cual comienza con su Diario de un poeta recién casado. En ella aparece una poesía personalísima que se presenta como una ruptura definitiva con el Modernismo, en el cual desaparece el léxico modernista, la adjetivación sensorial y los ritmos sonoros que antaño se observaban en su creación. Juan Ramón se centra en la concentración conceptual y emotiva, e intenta llegar a una posesión “completa y total” de la belleza, el propio ser y la realidad. El poeta habla de la muerte, el ansia de la transparencia y la liberación del alma hacia lo eterno y lo considerado como bello. En la siguiente creación se atisba una poesía estilizada y depurada, donde el poeta admira todo lo que contempla. Se trata de Tarde en ninguna parte (mar de adentro).

.... ¡Este instante de paz —sombra despierta—,
en que el alma se sume
hasta el nadir del cielo de su esfera! 

¡Este instante feliz, sin nueva dicha, 
como un lago de oro 
rodeado de miserias! 
—...Todo lo inunda el alma,
y ella se queda
alta, sola, fuera—.

¡Este instante infinito —cielo bajo—,
entre una larga y lenta
ola del corazón —despierta sangre—
y una antigua, olvidada
y nuevamente vista estrella!

JRJ


Su última etapa es la conocida como época “suficiente” o “verdadera”, llevada a cabo durante su exilio en América. Su obsesión por la trascendencia lo lleva a mostrar un cierto misticismo en su creación. Sigue avanzando en su indagación poética y la forma de sus letras suponen un absoluto dominio del verso libre y el lenguaje acendrado y profundo. En su poema El otoñado, Juan Ramón Jiménez se siente plenamente identificado con la naturaleza que describe y dentro de sí mismo consigue alcanzar la totalidad, la plenitud.

Estoy completo de naturaleza,
en plena tarde de áurea madurez,
alto viento en lo verde traspasado.
Rico fruto recóndito, contengo
lo grande elemental en mí (la tierra,
el fuego, el agua, el aire), el infinito.

Chorreo luz: doro el lugar oscuro,
trasmito olor: la sombra huele a dios,
emano son: lo amplio es honda música,
filtro sabor: la mole bebe mi alma,
deleito el tacto de la soledad.

Soy tesoro supremo, desasido,
con densa redondez de limpio iris,
del seno de la acción.  Y lo soy todo.
Lo todo que es el colmo de la nada,
el todo que se basta y que es servido
de lo que todavía es ambición.

JRJ

Por último, el que para mí supone una de sus creaciones más especiales y sinceras. Es una oda a la melancolía, al sentimiento; casi un refugio para lo abrumador que resulta a veces la existencia y las sensaciones. Alaba a la naturaleza y estudia al ser en último término, desde la belleza añadida de un léxico cuidado e inspirador. Ídem, XII.

Me abandona la luz, y estoy llorando... 
¿Qué pondrá fin a esta melancolía  
de un día y otro día y otro día?  
Primavera ¿vendrás? ¿y cómo? ¿y cuándo?  

Sobre esta sombra azul, en la belleza 
de oro de la tarde dolorosa,  
canta un vuelo de pájaros de rosa  
estribillos de sueño y de tristeza…  

Tengo un retrato de mujer querida,  
un libro de Samain, y algunas flores  
que envuelven en fragancias y en colores  
este romanticismo de mi vida… 

 
El recuerdo nostálgico y eterno  
de una blancura en flor que ya no existe;  
un esplendor de primavera triste  
entre las vaguedades del invierno... 

Mi corazón camina, sollozando,  
por un sendero pálido y divino…  
¿Soy un rosa o un malva vespertino?  
…me abandona la luz, y estoy llorando…

JRJ

Sin duda, el poeta Juan Ramón ha tenido una importantísima influencia sobre la lírica española, y su aporte en ella ha resultado a lo largo de la historia decisivo y espléndido. Su peculiar obra marca el fin de una etapa y el comienzo de otra, y nada conocido en la lírica actual castellana ha sido capaz de resistirse a su fuerte influjo. El escritor jamás cesó de evolucionar hacia su deseada y soñada perfección y su legado, exquisito, es una recomendación obligada para todos aquellos amantes de la literatura universal.

«Amor, eres eterno como la primavera«

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