Feliz Sant Jordi, Joan Margarit

Joan Margarit (Sanahuja, Lérida, 1938 – Sant Just Desvern, Barcelona, 2021), el llamado ‘arquitecto de las letras’, falleció este mes de febrero y su ausencia se percibe aún más en esta jornada de Sant Jordi tan especial, 23 de abril, día en que el poeta siempre recitaba algún que otro poema. Su rosa se marchitó, pero sus versos aún perduran para acompañarnos en el camino de esta andanza que es la vida.

Siento un vacío profundo al pensar que el galardonado por el Premio Cervantes 2019, Joan Margarit ya no está entre nosotros. Me acuerdo de unas cuantas veces que le escuché recitar junto a Luis García Montero y ahora me pregunto quién ocupará su silla, porque, sin duda, en lo que es el arte de recitar, era un verdadero maestro. Siempre con la voz alta y clara, sin dudar de sus palabras, clavaba la mirada y edificaba letras como los edificios en su juventud.

Poética

Su obra culmina en su Poética, un libro en el cual explica la filosofía de su poesía y cómo él percibe sus versos. Desde que se publicó no he parado de recomendarlo y regalarlo a amigos porque es maravilloso. La explicación de toda una vida en 400 páginas. No se trata de sus diarios porque para ello ya está su poesía que cuenta toda una vida de tristeza y momentos dolorosos. La Poética simboliza mucho más que unos diarios o memorias, es su entendimiento de los versos, es decir, la reflexión sobre el propio diario, el pensamiento que hay detrás de una existencia dolorida. La última vez cuando fui a comprar el libro el dependiente me dijo: “Qué poeta más triste era Margarit”. No dije nada, pensé en decir que los poetas somos tristes y la poesía es capaz de curar nuestras heridas, pero sonreí en silencio con el libro debajo del brazo. El empleado tenía razón. Joan Margarit es un poeta apenado y en eso consiste su delicadeza. Es dotar de belleza a lo fallido. Para tener casa hay que ganar la guerra (2018) es el sentido de su obra poética. No cree en la esperanza, pero su poesía está llena de vida porque siempre evitó hacer de la tristeza una norma.

La lengua materna

Fue su abuela analfabeta quien lo educó para sentir y pensar en catalán como lengua base. Cuando era muy pequeño trataron de prohibirle en la calle su idioma materno. Desde ese instante, su gran deseo era preservar su lengua originaria. Al principio comenzó a escribir únicamente en español, pero se dio cuenta de que su estilo era demasiado forzado. Entonces decidió cambiar al catalán y con ello su obra cogió otros rumbos.  Abrazó literariamente su lengua materna, pero no faltó a la traducción precisa en español que el propio autor hacía de su obra. Pasó por una adolescencia difícil pues tuvo que mudarse varias veces de pueblo, de hecho, fueron más de 10 casas en cinco años. Estudió arquitectura y fue catedrático de cálculo de estructuras. Tiene más de 30 poemarios, algunos de gran aceptación entre los lectores como Cálculo de estructuras (2005) – su estudio fue el responsable para realizar el cálculo de estructura de la Sagrada Familia para continuar la obra de Gaudí–,  Joana (2002) – un profundo libro de duelo –, Amar es dónde (2015) o Casa de misericordia (2008).

Soledad

Su gran compañera de viaje era la soledad: enterró a sus dos hijas (Joanna y Anna) y ese daño cruel queda reflejado en muchos de sus poemas que se han convertido en medicina para sus heridas. En su Poética reflexiona sobre la coexistencia de la arquitectura y de la poesía junto con la soledad en su vida y según él “la metáfora de la soledad del lobo es muy atractiva, pero no lleva más que a la destrucción, es decir, a ninguna parte”, pero la vida necesita las contradicciones y “esta dualidad [le ha] permitido ser más solitario: en la arquitectura gracias a la poesía y en la poesía gracias a la arquitectura. Sin esta soledad no habría poema alguno”.

Joan Margarit no le tenía miedo a la sinceridad. Su poesía es introspectiva, concisa, serena, alejada de conflictos. Tiene su propia identidad bien dibujada y en todos sus versos se percibe la aceptación de la vida tal y como es: vivir junto a los seres queridos que ya no nos acompañan, sentir su calor en las frías noches. Su escritura perdona, no culpa; es cómplice, no enemigo. Igual que acepta la alegría si se da, el poeta admite el dolor junto con la sanación como un proceso natural de la vida.

Era un hombre honrado y creía en el poder de la poesía. Un verso sincero era todo lo que buscaba decir, un consuelo hallado en la ciencia de la poesía. Su vida podría resumirse con dos títulos de sus poemas: una noche de junio con el silencio de los muertos.

Una noche de abril con el silencio de tu muerte te deseo feliz Sant Jordi, Joan.

Poemas

IDENTIDAD

¿Qué hacer con las palabras al final?

Sólo puedo buscar, para saber qué soy,

en la infancia y ahora en la vejez:

ahí es donde la noche es fría y clara

como un principio lógico. El resto de mi vida

es una confusión por todo aquello

que nunca he comprendido:

las tediosas dudas sexuales

y los inútiles relámpagos

de inteligencia. Debo convivir

con la tristeza y la felicidad,

vecinas implacables.

Se acerca la última verdad, durísima y sencilla.

Como los trenes que en la infancia,

jugando en el andén, me pasaban rozando.

Amar es dónde (2015)

AUTORRETRATO CON MAR

Es el niño callado que jugaba solo.

Permanece detrás de estos ojos de viejo,

resiste la embestida brutal del mediodía

oyendo los confusos versículos del mar

y el grito de los cuerpos desnudos y oxidados

al entrar en las aguas transparentes y frías

de la playa de piedras. Avergonzado, corre

de un escondite a otro de los cuentos.

Duerme dentro de mí, perdida criatura:

duerme dentro de mí en una noche de reyes

donde en silencio vuelan las escobas

y los lobos dejaron sus huellas en la nieve.

Afuera brilla un cielo lleno de albaricoques,

y el mar azul oscuro de ciruelas

se deshace en los negros cuchillos de las rocas.

Este verano de alcohol frío en los ojos

siento mi vida como la amarilla,

negra pulpa de un fruto que se pudre

alrededor del hueso del recuerdo.

Dentro de mí ocúltate, perdida criatura.

Dentro de mí protégete del mediodía,

recita la rondalla del niño gris

y de la miserable bicicleta

montada por el triste ciclista del suburbio.

Te busca y está ya cerca de aquí.

Cálculo de estructuras (2005)

CASA DE MISERICORDIA

El padre fusilado.

O, como dice el juez, ejecutado.

La madre, ahora, la miseria, el hambre,

la instancia que le escribe alguien a máquina:

Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,

Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos

en esta Casa de Misericòrdia.

El frío del mañana está en la instancia.

Hospicios y orfanatos fueron duros,

pero más dura era la intemperie.

La verdadera caridad da miedo.

Igual que la poesía: un buen poema,

por más bello que sea, será cruel.

No hay nada más. La poesía es hoy

la última casa de misericordia.

Casa de misericordia (2008).

NO TIRES LAS CARTAS DE AMOR

No tires las cartas de amor

Ellas no te abandonarán.

El tiempo pasará, se borrará el deseo

-esta flecha de sombra-

y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,

se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.

Caerán los años. Te cansarán los libros.

Descenderás aún más

e, incluso, perderás la poesía.

El ruido de ciudad en los cristales

acabará por ser tu única música,

y las cartas de amor que habrás guardado

serán tu última literatura.

El primer frío (2004)

RECUENTO

Una farola rota y apagada.

Su cometido no es iluminar la acera,

sino ser ese poste

de hierro puesto en pie en la oscuridad.

En la calle, quemado, hay un contenedor

negruzco, roto, corrompido el plástico.

Él mismo es, también,

retorcido y volcado, un desperdicio.

Nuestra hija es la angustia por el paso del tiempo

que, despacio, va helándonos la vida.

Ahora su objetivo no es amar

ni ser amada, sino ser el polvo

de una materia gris y sin sentido.

Todo pierde su frágil misión.

Y, mira, amor, nada me importa el nombre

que acabemos por darle a todo esto:

de ahí es de donde viene nuestra fuerza.

Esta parte de mí que te es desconocida,

la del dolor desordenado y frío,

la que más te repugna,

es la que ha estado siempre junto a ti,

la que, sin condiciones, más te ha amado.

Joana (2002)

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