Un paseo artístico por La Alhambra

La Alhambra es uno de los monumentos históricos más visitados de nuestro país, con más de dos millones y medio de visitantes al año. Fue proclamado Bien de Interés Cultural y Patrimonio Histórico de España en marzo de 2004. 

Realizada durante el reinado de Yusuf I, fue un palacio en el que la vida de los reyes nazaríes transcurría tranquilamente gracias a su carácter de fortaleza. 

Un poco de historia 

Se trata de un conjunto arquitectónico formado por palacios, jardines y fortalezas propios de la arquitectura nazarí en Al Ándalus. El reino nazarí fue el último representante del poder del Islam en la Península. Se fundó cuando los musulmanes de Arjona, una localidad cercana a Jaén, proclamaron sultán a Muhammad Ibn Nasr Ibn al-Ahmar, quien tomó Granada en el 1237 y la convirtió en la capital de su sultanato. Aquí mandará construir un bello palacio: La Alhambra, que significa “la roja”, debido a los tonos que adquiere con la puesta de sol. 

El Patio de los Leones debe su nombre a la fuente que se encuentra en él. La zona residencial privada del palacio se encuentra organizada en torno a este patio.

Las construcciones más conocidas se atribuyen a Yusuf I y Muhammad V. Algunas de ellas son: el Patio Dorado o patio de Mexuar, que da al Cuarto Dorado; la Puerta de la Justicia; el Patio de los Leones; la Torre de Comares, justo al lado de la Sala de la Barca (del árabe baraka, bendición), y el Patio de los Arrayanes o de la Alberca, donde se refleja la fachada de la torre y el pórtico de siete arcos, que ocupa casi todo el patio. 


Sobre los palacios nazaríes 

Mocárabes de la bóveda de la Torre de las Dos Hermanas

En el exterior, son edificaciones pobres y sobrias, normalmente construidas con materiales pobres, como ladrillo, arcilla o argamasa. Sin embargo, las columnas se suelen cubrir con mármol. 

El punto fuerte del arte nazarita es la decoración, que enmascara la pobreza del material y dota a los edificios de una gran complejidad y belleza. Los capiteles de las columnas suelen tener elementos vegetales esquematizados y abundan los arcos de herradura y arcos lobulados y las bóvedas de nervios, que se entrecruzan dibujando un polígono o formando mocárabes, prismas yuxtapuestos y formas colgantes que parecen estalactitas. 

Destaca la originalidad del capitel nazarí, con un primer cuerpo cilíndrico con una cinta y un segundo cuerpo cuadrado y decorado con elementos vegetales. 

Los muros y paredes interiores también se decoran con epigrafía (inscripciones), que pueden tener trazos alargados y angulosos (epigrafía cúfica) o trazos redondeados (epigrafía nasjí). Estas inscripciones pueden ser de carácter divulgativo, dan información acerca de la obra o del autor, o de la persona que ha mandado hacerla; o bien son textos poéticos. Otro recurso es el alicatado (técnica de origen persa), cerámica de colores y que repite formas geométricas policromadas de rojo, azul, verde, negro u oro, y sirve para recubrir las paredes. 


Unión con la naturaleza 

Los palacios de la arquitectura nazarí se suelen planificar alrededor de un estanque o alberca, muy ligado al concepto de jardín coránico, como el jardín celestial del que hablaba Mahoma. El agua refleja el cielo y el edificio, y se puede escuchar el rumor del agua que discurre por las diferentes fuentes y canalizaciones. Además, abunda la vegetación, especialmente las plantas aromáticas. El objetivo es crear un universo particular en el que la arquitectura y la naturaleza se unen en  perfecta armonía para los sentidos. 

El Generalife es una de las obras que mejor ilustran el arte nazarí. Un gran palacio construido en dos terrazas, en el centro se encuentra el Patio de las Acequias, con una hermosa escalera de agua rodeada de vegetación. 

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