Dónde tomar un café de cuento

El otro día descubrí un nuevo rincón en Madrid en el que disfrutar de un buen café de especialidad, y con un dato bastante curioso detrás de la cafetería.

foto de un café con leche
Café con leche en la cafetería Toma Café 2. Foto de Jorge Monzón

En el barrio de Chamberí, equidistante de las paradas de metro de Iglesia y Quevedo se encuentra la cafetería Toma Café 2. Sí, Toma Café 2, porque curiosamente hay tres de ellas en Madrid. Las tres de ellas son súper parecidas, pero están situadas en sitios completamente diferentes de la capital.

Y en concreto esta cafetería, está estrechamente relacionada con la famosa escritora Elisabeth Benavent. No obstante, de eso me enteré de casualidad tiempo después de tener bien clara la idea de que quería ir a visitarla y probarla.

El café de especialidad; otro rollo.

Siempre que puedo, me gusta ir a cafeterías en las que sirven café de especialidad. Para mi la diferencia entre un café normal y un café de especialidad, se nota bastante. Pero si que es cierto que últimamente me he convertido un poco en un «especialito» del café.

¿No hay azúcar? No problem

Si nunca has probado un café de especialidad probablemente estarás pensando «bueno, no será para tanto». A lo que yo te respondo, que lo más curioso de una cafetería de especialidad, es que no te ponen azúcar con el café. Y si lo pides al darte cuenta que no te lo ofrecen de primeras, te recomiendan encarecidamente probarlo antes sin echarle azúcar. Está tan cuidado y bueno, que no lo necesita.

De hecho, la gente que confía en los camareros y lo prueba sin echarle azúcar, raramente deciden abrir el sobre después, sino que se limitan a bebérselo tal y como ha salido de la cafetera.

Al grano, ¿Qué me pedí?

En el caso del café de Toma Café 2, no fue diferente. «Un café con leche por favor» le dije al camarero mientras intercambiaba palabras con mi acompañante en la barra. El local era bastante moderno, en tonos blancos, y con dos enormes cafeteras tras la barra. Un par de mesas en la terraza y siete u ocho dentro del local. Además del café no pude resistirme a pedir un trozo de un bizcocho de chocolate que tenían tras la vitrina.

Con textura de brownie por fuera, y muy similar a una ‘coulant’ de chocolate por dentro. Fui intercalando trocitos del bizcocho de chocolate, cuyo nombre exacto no recuerdo, con sorbos del café calentito. La combinación fue espectacular, tenía un sabor a chocolate muy intenso y a veces incluso un poco espeso. Pero el sorbo de café arreglaba todo. Tenían más diversidad de tartas y bizcochos, incluso alguna que otra cookie me pareció ver, pero no me arrepiento en absoluto de la decisión que tomé. No obstante, si no eres un amante empedernido del chocolate como yo, no te preocupes que si vas podrás acompañar tu café de algo que no tenga chocolate.

foto de un bizcocho de chocolate
Bizcocho de chocolate en la cafetería Toma Café 2. Foto de Jorge Monzón

¿Cómo era el ambiente?

La música que sonaba en la cafetería era house mezclado con techno, quizás demasiado agitado para el ritmo al que suelo ir yo a las cafeterías. Pero comprensible, ya que aluciné a la velocidad con la que la gente entraba, pedía, se tomaba su café, y salía. Mientras yo seguía tranquilamente sentado en mi mesa hablando y bebiendo poco a poco. En cuestión de un par de horas que estuve en la cafetería, vi pasar a muchísima gente, y nosotros dos éramos los únicos que nos manteníamos en la mesa.

Imposible trabajar

Una de las cosas que me pareció más curiosa y con la que tengo opiniones encontradas, fueron los papelitos que tenían sobre las mesas. En el centro de las mesas había pequeños papeles con un QR en un lado que si lo escaneabas te llevaba a la carta, y al otro lado un texto que decía algo así cómo «esta mesa es una mesa libre de ordenadores». Es decir, que al menos en las que estuve yo, si alguien tenía intención sentarse en esa mesa con su café y además abrir su ordenador para trabajar o hacer cosas mientras tanto… Iba a ser complicado que no le dijeran nada. Puedo llegar a entender que no quieran que haya gente en las mesas trabajando con ordenadores, pero me entristece porque a mi es algo de vez en cuando me encanta hacer.

Una ventana a historias

Desde el interior de la cafetería se podía ver perfectamente la calle y las mesas de fuera, a través de la enorme cristalera que unía las dos partes. Un lugar muy propicio para observar e imaginar historias. De hecho, una niña pequeña se puso a juguetear justo en el cristal y me asustó cuando me di la vuelta. Así que sí que se veía todo sí. Es aquí dónde entra la relación de Elisabeth Benavent, escritora de varias novelas, con la cafetería. Entre las novelas que ha escrito Elisabeth se encuentras aquellas en las que se basa la serie de Netflix «Valeria», igual con esto aunque no te suene la escritora, parte de su trabajo sí. Y es que resulta, que en una de sus últimas historias decidió mencionar esta cafetería. En su última novela «El arte de engañar al Karma» publicada en Abril de 2021.

Elisabeth Benavent: El arte de engañar al karma

Los dos personajes principales de la novela Cata y Mikel, van a una cafetería en Madrid. Por lo que tengo entendido la visitan más de una vez en la historia (sí, es una pena, pero no me he leído aún el libro). Pero la cafetería que podría ser perfectamente una cafetería cualquiera inventada por la escritora, resulta que en este caso no lo es. En el libro menciona directamente que se trata de esta cafetería «Toma Café, en Plaza Olavide». No lo había mencionado hasta ahora, pero al lado de la cafetería hay una plaza llena de árboles y arbustos verdes y de vida. Con un parque para niños y numerosos bancos. Un lugar muy agradable por el que dar un paseo tras haber tomado el café dirección a la parada de metro. Que es justo lo que hice, nada más salir de este sitio.

foto de un café con leche y el bizcocho de chocolate
Café con leche en la cafetería Toma Café 2. Foto de Jorge Monzón

El café, el bizcocho (ambos buenísimos) y el dato curioso de que la propia cafetería aparece en un libro reciente. Hicieron que mi experiencia en la cafetería fuera bastante buena. Así que con la cantidad de cafeterías que hay en Madrid, está es una muy buena opción. Y horas después cuando tuve que ir a coger un ave, y me cogí un café en la estación, que estaba malísimo comparado con este, casi me sentó incluso mal, pero eso es otra historia.

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