Tánger: la cuna de las gaviotas y la luz diáfana

Tánger (Marruecos) es una mezcla de culturas. Allí conviven musulmanes, judíos y cristianos. Allahu Akbar. Ashhadu an la ilaha illa Allah. Así empieza la llamada a la oración (adhan) cada noche alrededor de las cuatro o cinco de la mañana, dependiendo de la hora de la salida del sol. Esta es la manera que tienen los musulmanes para llamar a sus fieles a rezar, pero no son los únicos que oran. En una de las callejuelas, unos metros de la plaza de 9 de abril – también se le conoce como Gran Zoco – se encuentran las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, quienes además de fundamentar su día a día en la oración, ayudan a madres solteras con sus hijos pequeños, hasta que la madre pueda encontrar un empleo.

Pocas son las ciudades portuarias en el mundo que gozan de tal encanto como el de Tánger. Con su mágico pasado literario, la histórica maraña de calles de la Kasbah y su impresionante Gran Mezquita esta ciudad se convierte en puerta de entrada a África. A apenas una hora en barco de Europa, protegiendo el Estrecho de Gibraltar, nunca deja de hipnotizar a las muchas personas que la visitan cada año. En sus orillas, donde confluyen las aguas del Mediterráneo y el Atlántico, la luz diáfana desviste una auténtica ciudad influenciada por todas las culturas que han pisado su suelo.

Entre gaviotas y gatos, el turista en Tánger es tratado como un rey europeo. Además de llamarte “amigo” en cada esquina, su objetivo principal es venderte algo. Lo que sea: desde una réplica de zapatillas marca Nike hasta ajos y utensilios de cocina. El trato a los turistas es espectacular: desde guiarte por todas las callejuelas de la ciudad, hasta ofrecerte el té marroquí que representa una bebida de cortesía y hospitalidad para ellos. Claro está que si te ayudan a encontrar el camino – porque la Kasbah es un laberinto misterioso – después querrán su pequeña recompensa: ten preparadas algunas moneditas para estos simpáticos.

La luz lunar baña su playa dorada. Este es uno de los versos del poema “Tánger” del periodista y escritor Mohamed Chakor. Lo que verdaderamente diferencia esta ciudad es la luz y él lo sabía. De noche la ciudad se parece a la luminiscencia de las luciérnagas. De día, a las altas horas de la tarde, el sol, ya casi detrás de la Kasbah, dibuja los contornos de la playa mientras los niños juegan con la pelota sin más preocupación que esa. Es un ambiente idílico, parsimonioso. Como apretar el botón de la máquina del tiempo y volver años atrás, hacer una parada en un instante preciso. Ese mismo, el de la luz proyectando la armonía y la paz en una ciudad que ha sido poblada por historias, mitos y leyendas. Fue el centro de inspiración para toda una generación de artistas y políticos, durante su época de ciudad colonial.

Fotografía: Preslava Boneva

 

Fotografía: Preslava Boneva

Me viene a la mente el libro de poesía,“Más allá, Tánger”, de Álvaro Valverde que cuenta una preciosa historia de una mujer que vuelve a sus raíces y de un hombre que pisa la ciudad por primera vez. Así es Tánger, siempre permanece paciente, esperando que vuelvas a casa o confía, sosegadamente, en que la descubras desde los ojos de un aventurero novel.

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