Las Reseñas de Noviembre: ‘The French Dispatch’ y ‘El Buen Patrón’

El otoño de 2021 ha sido (y sigue siendo) mortal para las carteras de los fans del cine. No tanto por los precios de las entradas, sino por la cantidad de títulos que han llegado a la pantalla en estos últimos meses y que prometen un pico de calidad que no hemos visto en lo que va de año.

El motivo es claro: la pandemia y los confinamientos que trajo consigo cerraron las salas de cine y congelaron los rodajes, provocando que un gran número de títulos que estaban previstos para el año pasado hayan sido trasladados a finales de éste, con la esperanza de alcanzar una mejor recaudación. Ha sido el caso de No Time to Die (C. Fukunaga), Dune (D. Villeneuve) ó Last Night in Soho (E. Wright), entre muchas otras. 

Tal ha sido la concentración de estrenos estos últimos meses que, aún habiéndome escapado cada miércoles, no he llegado a descubrir ni la mitad de todos los grandes títulos que se ofrecen estas semanas. Sin embargo, entre estos estrenos se encuentran las dos películas que trataré a continuación: The French Dispatch (W. Anderson) y El Buen Patrón (F. León de Aranoa).

The French Dispatch, lo más Anderson que ha hecho Wes:

Ya conocemos a Wes Anderson. Probablemente, si nos pusieran delante un plano suyo, sabríamos identificar quién está detrás aunque no hayamos visto la película. Para quien no conozca sus trabajos, entre los que cuenta obras tan carismáticas como El Gran Hotel Budapest o Fantastic Mr. Fox, se le reconocerá siempre por los planos frontales, la simetría, los colores, la comedia tanto dialogada como visual y, por supuesto, los repartos corales que reúnen a medio Hollywood como si se tratara de una cena de Navidad.

The French Dispatch no iba a ser menos, y el guion con el que cuenta reúne las características necesarias para sacar toda la creatividad de Anderson. Resumiendo (sin spoiler): The French Dispatch trata de un periódico que, al morir su jefe, recuerda uno de sus números y cómo fue éste llevado a cabo. Con el formato de dicho periódico, cuenta varias historias interconectadas entre sí, todas alrededor de una ciudad ficticia de la Francia de mediados del siglo XX. 

Sin entrar en muchos detalles, hay que destacar la cantidad de formatos que se utilizan para presentar cada entrada del periódico: blanco y negro, color, animación… Con un montaje dinámico y una fotografía que no pasa ni un plano sin llamar la atención sobre sí misma, la película tiene un ritmo frenético que no deja descansar al espectador ni un segundo.

Y ahí es donde, en mi opinión, se encuentra el único defecto de la película. Es demasiado. Una colección de historias envuelta en otra más grande, con infinidad de detalles, texto, subtítulos, francés, diálogo rápido y de amplio vocabulario, música frenética, etcétera etcétera. Es agotador. 

Tanto los amigos con los que la vi como yo pudimos seguir la primera hora de película, pero en la última historia sólo queríamos pedirle al cine que pulsara el pause para poder asimilar lo que acabábamos de ver. Y es una pena, porque mi interpretación favorita fue la de Jeffrey Wright, en esta historia final. Otras interpretaciones estelares fueron Benicio del Toro y la dupla de Frances McDorman y Timothée Chalamet. 

Al salir del cine, ya eran las doce de la noche. Tal vez también eso influyera en el cansancio. Aun así, discutiendo con mis compañeros, llegamos a la conclusión de que quizás el tipo de historia que tenía Wes Anderson entre manos requería un formato diferente. En concreto, el de una miniserie en el que cada capítulo contara una historia. Un formato en el que el espectador puede ver un día un capítulo, disfrutar, descansar y después deleitarse con el siguiente o, si lo desea, verlos todas del tirón como si fuera la película. Este formato está en alza, véase Queen’s Gambit ó Chernóbil, dos éxitos de Netflix y HBO, respectivamente. Además, si hay alguien que puede hacer una miniserie con ese reparto y esa calidad, si quiere, ése es Wes Anderson. 

El buen patrón: Don Javier Corleone

El Buen Patrón (2021). F. León de Aranoa

Si hay alguna forma de describir El Buen Patrón en pocas palabras, éstas son “Un padrino a la española”. Coge a Corleone, cambia el negocio del aceite por una fábrica de balanzas, quítale un par de asesinatos y añádele un jefe baboso, y tienes al señor Blanco, protagonista de esta película. 

Al igual que él, ésta película tiene que mantener el equilibrio entre muchas fuerzas que conspiran para convertirla en un montón de piezas inconexas. La tensión entre la comedia (más o menos oscura), el drama y el suspense le da la verdadera riqueza a la historia. Y todo se sostiene gracias a dos elementos por encima de todos los demás: el guion de Aranoa y la interpretación de Bardem. 

Fernando León de Aranoa es de esos directores que no llama tanto la atención, pero en los que siempre vas a encontrar, como poco, una historia interesante. Con su guion construye una trama compleja, con un montón de piezas y de cabos, de los que no queda ninguno suelto. Un protagonista inmoral pero con convicciones claras, que entendemos desde el primer momento y que sin embargo en muy pocos momentos sale a la superficie (esta escena del espejo, aunque breve, es mi favorita).

En la construcción de este protagonista es crucial la interpretación de Javier Bardem. Como muestra de ello podemos tomar cualquiera de los distintos planos que mantiene Aranoa sobre él durante más de medio minuto. Muy pocos actores se me ocurren que puedan mantener esos primeros planos (y en silencio, cabe añadir) y mostrar de forma visual y creíble la evolución de la escena. La tensión del último plano de la película… el mejor final posible.

Los temas tras la película son evidentes: el equilibrio y la verdadera identidad, que sale a la luz cuando Blanco siente amenazado su propio equilibrio. Y te lo presentan de todas las maneras posibles, desde las 27 conversaciones sobre ese mismo tema (que si bien sirven para demostrar la obsesión de Blanco, acaba haciéndose repetitivo), hasta la balanza de la entrada de la fábrica, que Blanco acaba estabilizando de una forma que simboliza bastante bien su actitud ante los problemas. 

En general, probablemente la mejor película de Aranoa hasta la fecha, y uno de mis papeles favoritos de Bardem (que curiosamente pasa de ser el desempleado en Los Lunes al Sol a ser el jefe miserable). La música mantiene a la perfección el tono necesario para cada momento de la película, la dirección es dinámica, con detalles interesantes y, en general, todo el reparto cumple perfectamente con lo que necesita la película. 

Si tuviera que buscarle algún defecto, quizá me decantaría por la forma de llevar la trama de la becaria. Si bien da lugar a la escena de la cena, una de las mejores, otros momentos de ella son excesivamente largos y te hacen perder el hilo de la película por un momento.

Aún con esto, la película sostiene un nivel altísimo durante todo el metraje. Definitivamente, una muy buena opción para representar al cine español en los Oscar, ya marcando el mundo del cine a su paso rompiendo el récord con el mayor número de nominaciones a los Goya, con un total de veinte nominaciones, nada menos. 

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