Roma di notte

“Roma di notte”. Parece el título de una película de los años 60. Algo así como “La dolce Vita” de Fellini. Quizás algo menos romántica, más bien acentuando la belleza de esta ciudad en horario nocturno. En realidad, cualquier título con la palabra Roma se engrandece porque – qué tópico – todos los caminos llevan a Roma. Di notte la ciudad se ennoblece. Cada esquina es protegida por un gladiador, cada piedra es de un emperador, cada iglesia de un santo. La luz de las farolas protege lo que es suyo: la portentosa historia de sus calles.

“Roma è la città degli echi, la città delle illusioni, e la città del desiderio”. Ya lo decía el arquitecto y pintor, Giotto di Bondone: “Roma es la ciudad de los ecos, la ciudad de las ilusiones y la ciudad del deseo”. Por la noche la ciudad eterna nada tiene que ver con la del alba. La oscuridad fortalece el deseo intrépido. Esa magia se transforma en silencio, la historia rememora raíces y los edificios señeros saborean la ciudad sin turistas. Las gotas de lluvia se deslizan lentamente por la Piazza del Colosseo y su eco se traduce en susurro para el alma.

Por otro lado, la notte trasteverina es lo contrario del silencio que reina en el centro histórico en un día lluvioso. El barrio de Trastevere se encuentra al otro lado del río Tíber y de las murallas de la Roma Imperial, siempre ha sido una zona de “frontera”. Aquí se mezclaban los extranjeros que visitaban la ciudad, haciendo de este lugar la zona más cosmopolita de Roma. Sus calles se extienden como un gran laberinto. Su musicalidad y ritmo se percibe desde el Ponte Cestio, el puente que abarca el Tíber al oeste de la isla Tiberina.

La noche de Roma reclama tranquilidad y ganas de un amaretto. Pausar lo más sagrado de esta vida, el tiempo, y observar esta belleza con regocijo.  

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